Algo tendrá la provincia de Cádiz que produce tantos y tan diversos grupos de Rock Duro y Heavy Metal. Sin embargo, su lejanía de las grandes capitales del negocio musical impide que sus formaciones más relevantes alcancen la notoriedad que se merecen por su trayectoria y calidad. Casos como el de Saurom deberían ser más habituales, así que apoyemos a los músicos del territorio y veamos qué nos ofrecen a día de hoy.

Aracner nacieron en 1999 y desde entonces ha experimentado un elevado y agotador desfile de integrantes, cuyos cambios han derivado en la siguiente alineación: Jony Viruel (voz), Roger Carrera y Alberto Domínguez (guitarras), Fernando S. Botaro (bajo, ex-Sphinx), Antonio L. Pérez “Nykly” (batería) y Javier Marín (teclados). Sus primeras demos están fechadas en 2000 y 2001 (“Reino de la oscuridad”), todavía con su anterior denominación de Avathar.

Ya con su actual nombre entraron en estudio en 2003, a fin de encarar la grabación de su primer y homónimo disco para la independiente Desobediencia Records. Su siguiente referencia data de 2006; “Demencia” fue editada por el sello catalán Big Bang Music. El tercer CD fue “Néura”, en el que ya figuró Jonatán Viruel en lugar de Manuel Rodríguez, vocalista, teclista y fundador y compositor de los también gaditanos Sphinx.

La compañía que lo publicó, The Fish Factory, ha vuelto a confiar en el sexteto y se encarga de distribuir “Nación tierra”. Esta nueva producción es una metralleta de diez canciones de Metal muy agresivo, cuyo tema estrella es “El desorden”. La guturalidad preside el estilo vocal de Aracner, que también trabaja con un registro mucho más convencional para dotar de dramatismo e intensidad a sus composiciones. La base instrumental en la que se apoya su cantante es un Tetris de Metal muy tecnificado -que no industrial-, pesadilla sonora de concurrencia instrumental y guitarrera, trallazos de bajo-batería e incluso un par de arreglos singulares de inspiración étnica .

Para nuestra sorpresa, las letras de Aracner resultan bastante apreciables, ya que alternan mensajes positivos y de superación personal (“Gracias por todo”, “Lucha eterna”, “Criatura herida”, “Tu camino”) con otros de denuncia social (“Ocultas más que yo”) y religiosa (“El dictador”, “Miedo a la muerte”) y auténticos horrores claustrofóbicos como los descritos en “El desorden” y “Mi inocencia”.

Leo Cebrián Sanz