Hay que ser valiente para adoptar como nombre el de Contrabanda, existiendo ya Rulo y La Contrabanda, La Desbandada… y tantas otras formaciones con la palabra “banda” en su  denominación. Por fortuna, su nombre se ha hecho propio gracias a su condición de teloneros de las giras más recientes de los también madrileños Sôber, que les apadrinan en directo desde 2014. Junto a ellos y Skizoo celebraron un año después parte de la ruta con la que conmemoraron su vigésimo aniversario y desde el pasado 28 de octubre en Murcia Contrabanda forma parte del cartel de la nueva gira de Sôber que se desarrolla durante el curso 2016/17.

El cuarteto está formado por el cantante Javi “Tony Laspiernas”, Juankar “Jota Culebra” a la guitarra, el bajista Soto “SD” y Rober “Chico Demonio” tras la batería. La discografía de Contrabanda consta de un debut titulado “Trece” (2010), “Despertar” (2013) y el actual ‘Retrophonic’, editado este mismo años por Rock Estatal Records. Sus dos últimas referencias han contado con Alberto Seara a los manos de la mesa de sonido,  siendo Carlos Escobedo, de los inevitables Sober, quien ha firmado junto a él la producción de sus nueve canciones más recientes: “Maldición”, “Todo acabó”, “Disparos en tu honor”, “Muero en tus ojos”, “Mal actor”, “Fue una estrella”, “Se marchó”, “Miedo” y “Mil mentiras”. El trabajo se ha efectuado en los estudios Cube, un auténtico lugar de peregrinación para los músicos amantes de este tipo de textura sonora.

Esta Contrabanda de imagen tan inmaculada y elegante puede ser etiquetada dentro de la versión europea de ese registro contemporáneo que tan sumamente bien han desarrollado en Estados Unidos grandes alianzas de reputados músicos del rock alternativo de los años 90, como Soundgarden, Audioslave o Velvet Revolver.

Ellos mismos también citan a los más contemporáneos The Answer como influencia de ese sonido depurado y brillante que postulan, en cuyos dominios comparten espacio la comercialidad y la calidad, la potencia y la melodía y un sinfín más de “caras” y “cruces”. La herencia latente del Hard Rock clásico se mezcla con la aspereza de unas guitarras que raspan pero no hieren, en un combinado muy digerible que entra con suavidad por la garganta y va derechito a la parte más emocional del cerebro. El resultado final es contundente pero accesible, con letras algo crípticas que pivotan en torno a las obsesiones personales, los miedos y paradojas del día a día, y las vivencias  y sueños que neutralizan a los anteriores.

Leo Cebrián Sanz