La crisis en torno a Lágrimas de Sangre, el grupo de Rocktizaje más popular y que mayor crecimiento ha experimentado en los dos últimos años, puede haber llegado a su conclusión, o al menos a un punto de no retorno. La banda ha decidido volver a continuar con su gira de directos, tras varias semanas de parón mientras la formación depuraba posibles responsabilidades en el caso de la acusación de abusos sexuales a una fan de LDS por parte de uno de los músicos del combo.

Tras analizar lo ocurrido en profundidad, Lágrimas de Sangre no ha encontrado indicio alguno de que la acusación sea real, por lo que ha comunicado su intención de retomar su carrera en un último y tercer comunicado oficial. He aquí su literalidad:

Por su parte, el colectivo feminista que denunció la agresión ha reaccionado con determinación y agresividad, reincidiendo en todos sus motivos y criticando con dureza a Lágrimas de Sangre y su entorno. Tras aclarar que su silencio se ha debido a un hipotético robo de la cuenta y el correo asociado, Autodefensa FEM Galiza comunica que ha recurrido a una asesoría legal y pide testimonios de testigos que puedan avalar su versión de lo ocurrido (o no) en el pasado Viñarock.

Con independencia del contenido del escrito, llaman la atención las faltas de ortografía y concordancia gramatical de un texto que se pretende verosímil y/o fiable. La falta de rigor en la forma no impide que su mensaje sea claro y contundente, y que se exprese en unos términos nada conciliadores. Muy al contrario, la guerra de comunicados finaliza con una violenta diatriba contra el quinteto catalán:

Ante semejante disparidad de versiones sobre un mismo hecho, está claro que lo único que tiene sentido es que la aún anónima denunciante recurra a los tribunales de justicia para hacer valer sus derechos. De lo contrario, toda esta polvareda mediática quedará pronto en el olvido y quizás se convierta en un ejemplo más del poder de las redes sociales a la hora de difamar y reventar la presunción de inocencia de cualquier ciudadano, responda o no al apodo de “Microbio”.

Leo Cebrián Sanz