Odiamos cordialmente a los grupos indies, pero con esto de los prejuicios hay veces que se nos pasan propuestas tan inquietantes y adictivas como la de Royal Blood. Y mira, como te digo una cosa te digo la otra: si estamos encantados con el disco de Niña Coyote eta Chico Tornado, cómo no prestar nuestros oídos a otra alternativa a la dualidad bajista-batería (guitarra en el caso de los euskoparlantes).

Si en el dúo vasco parte del encanto reside en ese contraste casi erótico de mujer y hombre en pleno orgasmo musical como en su día hicieron The White Stripes, en este micro-grupo británico la magia nace de la intensidad minimalista de sus canciones.  Poco importa que sus padrinos hayan sido de algún modo los siempre dudosos Artic Monkeys, porque las cuatro cuerdas -más misteriosos efectos que las hacen sonar como seis- de su cantante Mike Kerr y las baquetas de su compañero Ben Thatcher dan buena prueba de cómo batir con eficacia la crudeza del Blues salvaje en un puré sónico de Stoner, Garage, Psicodelia y el Rock más rudo posible. Aquí nada va cocinado ni cocido, pero cuidado, que a los veganos tampoco les va a gustar.

La compañía que les apoya es Warner Music, que ha sabido dar en la diana de los impactos promocionales o estratégicos, a saber: títulos de crédito de una película taquillera, canción oficial de la liga de luchadores profesionales americanos y desembarco en el sancta-sanctorum de festivales “lanzadera” como el tejano South by Southwest o los británicos Reading, Glastonbury y Download.

Veremos si su segundo disco mantiene las expectativas generadas por Royal Blood. ‘How did we get so dark?’ se publicó el pasado 1 de abril. El primer single y videoclip ‘Lights out’ sigue la senda que tan buenos resultados parece haberles dado desde 2014, fecha de su creación.

Leo Cebrián Sanz