Hace 20 años Los+Mejores era todavía un ‘fanzine’, no tenía formato de revista profesional. El ejemplar del verano de 1997 (número 26) salió en junio y la portada no tenía un protagonista en especial, fue una especie de collage con imágenes de Dio, The Black Crowes, W.A.S.P., Aerosmith y —–Motörhead. Todas estas bandas habían pasado por Madrid los meses previos y ofrecíamos las críticas de sus conciertos.

 


por Jon Marin


The Black Crowes actuaron en la sala La Riviera, con las entradas agotadas, el 7 de febrero de 1997. Justo dos años antes llenaron un recinto con más capacidad, el Pabellón del Real Madrid, dado el éxito de sus dos primeros discos. José Mari M. Cebrián nos contaba que quizá habían perdido popularidad con sus tercera y cuarta obras -venían presentando ‘Three snakes and one charm’-, ambas menos comerciales y más experimentales, al igual que este recital. Escribía: “El grupo ha tomado una dirección diferente (en concierto) que se refleja de forma perfecta en sus dos últimos trabajos (…) Todo grupo tiene derecho a evolucionar (…) Es posible que, si siguen este camino, se conviertan en una banda de culto no accesible al público mayoritario.”

W.A.S.P. llegaron el 27 de enero a la sala Caracol dejando gente en la calle y superando el aforo permitido. Recuerdo un ambiente asfixiante y, encima, 45 minutos de retraso en salir los músicos al escenario. El guitarrista Chris Holmes había vuelto a la banda en esta gira después de casi seis años de ausencia. Fue un concierto muy corto, sólo una hora, pero rebosante de aderezos visuales: En unas pantallas de televisión se proyectaron imágenes de violencia y de sexo explícito. Sí, del denominado “X” aunque en las entradas no pusiera lo de “prohibido a menores”, ¿o lo ponía y no lo recuerdo? Blackie Lawless se despidió lanzando al público sacos de alquitrán (algo que lo simulaba) y plumas, a la manera en que se castigaba a los tahúres del Viejo Oeste. El plato fuerte llegó cuando apareció una monja crucificada y, tras varios jugueteos, Blackie le arrancaba de sus entrañas un muñecote grotesco que simulaba un feto para luego morderlo y mostrar el cantante la cara bañada en sangre. A unos les resultó desagradable, a servidor le pareció risible.

Algo poco común: W.A.S.P. regresó a tocar a Madrid el 24 de abril, antes de que transcurrieran tres meses, esta vez a la sala Canciller, con el mismo show. En la reseña de Gema F. De Llames se volvía a narrar el ‘sangriento’ espectáculo sin olvidar el sacrificio de un cerdo, lo que trajo en esa gira protestas de asociaciones animalistas, cuando -de verdad- a un kilómetro se veía claramente que era un muñeco peor hecho que las figuras del museo de cera de la capital española.

(Continuará)

  • En el vídeo, el concierto completo de W.A.S.P. en Canciller.