Hubo un tiempo en que el Heavy Metal contaba con su propio escenario en el festival Viñarock. La crisis de público en el estilo y la deriva del Viña hacia estilos más mestizos y proclives a la celebración colectiva han dejado el volumen de las guitarras en un segundo plano, lo que no quita para que un cierto porcentaje de sus habituales no fallen nunca en los escenarios donde tocan sus grupos señeros.

Con el Punk-Rock y el Oi! no hay tanto problema. Forman parte del ADN de la cita manchega y son tan necesarios como el calimocho o la cerveza para dar sentido a ese carrusel de actuaciones que se sucede en los agotadores cuatro días del festival -como todos los años, también hubo fiesta de bienvenida-. Veamos qué dieron de sí algunos de los artistas y bandas con más nervio e intensidad.

La primera que abre la crónica va por libre y camina por los terrenos del Rock clásico y de calidad.

Whisky Caravan. Posiblemente de lo más exquisito y musicalmente elaborado de cuanto se escuchó en todo el festival. Sin apenas conocerles, nos gustó que su música evocara a referencias siempre necesarias como las de Buenas Noches Rose o los mismísimos Héroes del Silencio. Fueron uno de los grupos que dieron vida al escenario más pequeño, el Smoking, donde se vieron propuestas que merecían más público, como por ejemplo las de Zenobia o No Konforme.

The Toy Dolls. Justificadísima excepción internacional en el cartel, habida cuenta de que España es uno de los países que más aprecian la juerga consustancial a esta libre interpretación del Punk más rudimentario y desenfadado. Los tres músicos de la cabeza tintada son como personajes de dibujos animados vestidos con tela escocesa y una sana actitud de “salud, tocamos y seguimos la fiesta”.

 

Lendakaris Muertos. Una vez más, el concierto más divertido del puente de mayo de la Fiesta del Trabajo versus “Héroes de la clase obrera”. Hubo problemas con las vallas, pero mientras los resolvían pudimos entrever algunos chistes “ni verdes ni machistas”, como pidió su vocalista Gorka. La sorpresa fue un gigantesco oso panda, al que han adoptado cual si de un Eddie de Iron Maiden se tratara.

Boikot. Tercera vez que en el mismo día sonó el himno ruso, tras hacerlo en los conciertos de Lendakaris Muertos y Banda Bassotti (¿o era el bucle político en nuestra cabeza?). Los madrileños han prescindido de la trompeta y vuelven a darle duro a sus himnos combativos, a los que pronto habrá que sumar como un clásico ese maravilloso “Jarama” que acaban de publicar. Boikot son el Viña por definición, por mucho que nos canse verlos con tanta frecuencia en sus carteles. Igual no pasa nada porque un año no toquen. Hasta La Raíz han sabido parar a tiempo en su lista de ediciones presentes…

Non Servium y Kaos Urbano. El Punk Oi! que tanto ha proliferado en Madrid en el feudo vallecano sigue ganando puntos. Este año vimos menos red-skins que en las dos ediciones anteriores, pero siguen teniendo su público entre quienes no se limitan a un sólo escenario y prefieren alternar la rabia con la fiesta.

Leo Jiménez. La dispersión en la carrera del gran vocalista del Metal español juega en su contra, por mucho que nos empeñemos en que no sea así. En Villarrobledo hizo un concierto durísimo -colaboración con el cantante de Cuernos de Chivo incluida-, que indagó en la parte más bruta de su ecléctico disco del pasado año: “La factoría del contraste”. Mejor en sala que ante un público tan heterogéneo… lo mismo, lo mismo que pasa con Hamlet cada vez que toca en el Viña.

 

Söber. La exquisita profesionalidad de los madrileños no tiene apenas parangón en el Metal español. Vinieron a dar a conocer su reciente “Vulcano” y no escatimaron medios técnicos y una cuidada escenografía para ofrecer un espectáculo que termina por fidelizar a quienes no son especialmente fans. Gran sonido, predisposición para comunicar y ser comunicados… y todos contentos.

 

Hora Zulú. La pregunta obligada es: ¿conseguiremos ver alguna vez a este grupo en un festival en un horario que no sea de apertura, cierre o competencia con nombres de mucho mayor tirón popular? En ese sentido les pasa como a Saurom en su día, que no hay forma de que los organizadores les cedan el protagonismo definitivo. Pero aunque sea de refilón, siempre es un gusto poder ver a su vocalista Aitor Velázquez, al que percibimos como una mezcla de la provocación de Evaristo Páramos y  la chulería y displicencia de un Dylan andaluz del Rap-Metal.

 

Avalanch y Tierra Santa. Como en los años 90, la competición del Power Metal español se resolvió esta vez en favor de los asturianos. Rionda llegó con su All Star y le tocó en suerte uno de los fortísimos chaparrones del día. Era su primer concierto con la formación de lujo y quedará para la historia como un momento épico.

Por contra, Tierra Santa salieron vestidos como si de un ensayo se tratara, sin telón alguno que le diera algo de gracia a su comparecencia y, eso sí, con su acostumbrada profesionalidad y pericia técnica. Faltó algo de adaptación al espíritu “viñarockero”.

Leo Cebrián Sanz