El pasado sábado 21 de mayo tuvo lugar en la localidad toledana de Quintanar de la Orden uno de los acontecimientos históricos que, de haberse celebrado en Madrid o Barcelona, a buen seguro habría merecido una atención prioritaria de los medios, tanto generalistas como especializados. Al igual que en su momento los músicos italianos se lanzaron a interpretar colectivamente un tema de Foo Fighters -iniciativa que puso de moda este tipo de encuentros-, sus colegas españoles han querido celebrar su propia fiesta con un repertorio más cercano a nuestro Rock.

Esta autodenominada “batalla de los 300” -en recuerdo a la épica película de 2006- ha sido una iniciativa del colectivo Crazy Drummers, que durante meses ha coordinado la participación de cien baterías, noventa guitarras, cuarenta bajos y setenta cantantes. A la cabeza de la propuesta lucían cuatro nombres propios: los de Fortu (Obús), Kutxi Romero (Marea), Carlos Escobedo (Sôber) y, por encima de todos, Yosi en su primera aparición musical tras la voluntaria retirada de la vida pública una vez separados Los Suaves. A ellos hay que añadir a sus lugartenientes para la ocasión: Jorge Salán, Rafa J. Vegas, Ix Valieri y Óscar Martínez.

El Recinto Ferial de Quintanar vivió lo que la publicidad anunciaba como “El mayor concierto de Rock con músicos en directo de nuestra historia”. Con independencia de que lo fuera o no a título de récord Guinness, lo cierto es que el acontecimiento sí ha supuesto un éxito absoluto en cuanto a aceptación del público y resultado de su logística general. A tenor de las imágenes recibidas, admira comprobar lo bien administrado que estuvo este espacio abierto por parte de los anfitriones.

Hubo entrada gratuita para el público en general y actividades paralelas con las que entretener el resto del Crazy Drummer’s Day, como talleres didácticos de música y otros de carácter infantil, además de zona de ocio y una Fiesta Crazy posterior desde las once de la noche a las cuatro de la madrugada.

En cuanto a Yosi, su irrupción en el escenario para interpretar “Dolores se llamaba Lola” fue uno de los momentos álgidos de la jornada. Ciertamente, resulta una alegría ver al mítico icono darlo todo sobre las tablas, en un estado óptimo de voz y con la actitud adecuada de respeto a la audiencia -regalo de zapatilla incluida-. El gallego vivió la ocasión con enorme entrega y asimismo se apuntó a participar en la versión colectiva de “Maneras de vivir”.

Leo Cebrián Sanz