Los más veteranos recordaréis lo que gritamos cuando Guns N’ Roses decidió sacar sendos discos dobles, aquellos Use your illusion: “¿Se han vuelto locos estos tíos?” Pues lo mismo podríamos pensar, en nuestro terreno nacional y ante el disco doble (llegar a cuatro redondos sería demasiado), cuando Nurcry lo ha hecho precisamente con el titulado “IV” (cuatro). Pero ‘no hay ningún loco’, que dijo Molina con sus Ñu, porque este CD x 2 marca territorio para este grupo y demuestra que deja de prometer para convertirse, sin rodeos, en una realidad incontestable dentro del hard/ heavy/ power metal español.

Lo primero que llama la atención es precisamente su formato y presentación de dos compactos, con bonitas portadas y sus ya habituales caballos, dentro de una elegante caja negra. ¡Apuesta por lo físico, amigo lector, merece la pena salir un poco del mundo digital!

Adentrándonos en la escucha, entendemos en seguida que hacían falta dos elepés porque aquí no hay relleno: hay discurso, hay variedad y, sobre todo, coherencia. IV no se dispersa, se expande.

Desde el arranque con “Enséñame a sentir” -de lo mejor, a mi parecer y opina lo mismo más de uno de esta redacción- Nurcry deja claras sus cartas: estribillo inmediato, melodía envolvente y una interpretación vocal de Kike Fuentes sobresaliente. Su voz se erige como uno de los grandes pilares del disco, capaz de moverse con naturalidad entre la épica power, la emotividad de los medios tiempos y la garra del heavy más clásico.


En lo instrumental, el disco juega en otra liga también. El tándem de guitarras formado por Manu Acilu y Juanjo Alcaraz, siempre con la aportación de Gutiérrez, brilla con luz propia, alternando riffs contundentes con solos cargados de técnica y sentido melódico. A su lado, la base rítmica —con la entrada de Sergio Martínez al bajo y el empuje constante de Jason a la batería— aporta músculo y precisión, elevando el conjunto a un nivel que transmite, ante todo, sensación de banda. Y eso no parecía algo fácil de conseguir cuando Ángel Gutiérrez soñaba en su casa con la idea de hacer un disco (el primero) con la simple intención de regalarlo a sus colegas. Pues ya van cuatro, que en realidad son cinco y pico al ser éste doble y si añadimos EP y sencillos sueltos.

El primer bloque del trabajo «IV» se mueve con soltura entre el power metal de raíz europea y el heavy clásico. “La enfermedad” o “El futuro” combinan velocidad y melodía, mientras que “Corazón y cuerpo” introduce matices más emocionales. “Otra vida” es un himno directo y en “228” se conecta con la realidad social.

El segundo disco amplía el horizonte sin romper la identidad. La inclusión de varios temas en inglés —como “The curse” o “Nuclear goodbye”— no suena impostada, sino como un paso lógico hacia una posible apertura internacional. El rock se inventó en inglés y a algunos nos sigue sonando mejor; la sinceridad al poder.

Pero si algo define a IV es su capacidad para equilibrar registros. Temas como “El guardián del equilibrio” o “Perros del infierno” refuerzan la bandera powermetalera, mientras que “Tú y yo” o la balada “La fuerza de tu amor” muestran un lado más melódico y accesible, sin caer en la complacencia. Uno de los puntazos de la obra, que rompe el guion en el cierre y nos ha encantado, es “Hayley is the answer”, que se mueve en coordenadas más cercanas al hard rock de aroma americano, demostrando que la banda no tiene miedo a salir de su zona de confort.


La producción, a cargo del guitarrista Manu Acilu, merece otro pulgar hacia arriba. El sonido es nítido, potente y equilibrado, permitiendo que cada instrumento respire sin perder pegada.

En definitiva, IV es un álbum ambicioso, sí, pero también necesario para entender dónde está Nurcry ahora mismo. Un trabajo que recoge todo lo aprendido en sus anteriores entregas y lo transforma en una propuesta sólida, variada y con personalidad. Son más canciones que lo habitual las que nos han regalado de una atacada ahora, así que préstales atención, tiempo y varias escuchas. Acabarás estando de acuerdo con nosotros en que estamos ante una banda que ha encontrado su propia voz y sus propios sello, estilo, estatus, altura… y, sobre todo, no tiene intención de bajar el volumen. Hay presente, hay futuro.

Fernando S. P.