El pasado martes 13 de noviembre se presentó en la madrileña sala Equis el regreso a la actividad de una de las formaciones españolas más importantes del mestizaje y la fusión de estilos. A mediados de los 90, el grupo Ketama revolucionó la música popular en castellano por su facilidad para dotar de comercialidad a su raíz de inspiración flamenca, en provocadora conexión con el Pop, las músicas del mundo e incluso el Rock de sus previos inspiradores Pata Negra o Smash. La llave para romper las listas fueron sus grandes éxitos, como «Vente pa Madrid» o ese «No estamos locos» que tanto sonó en las emisoras de radio.

Ketama personalizaron toda una tendencia del flamenco, que rompía las normas para abrir sus férreos límites a la experimentación con la música latina y cualquier otra variedad sonora susceptible de «contaminación», desde la rumba tradicional a los sonidos autóctonos de África. En aquellos tiempos sus temas atronaban en las atracciones de las ferias veraniegas de los pueblos, ese entorno popular que ahora se ha entregado -muchas veces a la fuerza- a la dictadura del reggeatón y el electro latino. Quizás los críticos y puristas flamencos que hoy censuran a Rosalía y en su momento rechazaron a Ketama deberían hacerse mirar su concepto de «apropiación cultural», porque seguro que un ejemplo como el descrito pondría sus miras telescópicas en otros objetivos más razonables y apetecibles.

La cosa es que Ketama siempre hizo música de calidad -quizás demasiado condicionada por las listas en algunos casos-, hasta que el ciclo natural llegó a su punto… y aparte. El grupo de la saga Carmona -los hermanos Antonio y Juan y su primo Josemi- había conseguido superar la retirada de dos de sus puntales artísticos, el posteriormente fallecido Ray Heredia y José Soto «Sorderita», alcanzando la cima del reconocimiento artístico en un formato casi familiar. Esos mismos vínculos de sangre vuelven a manifestarse en estado puro en 2018, ya que el regreso de Ketama es básicamente el regreso de los Carmona.

Durante la comparecencia de prensa se hizo mención a la reciente enfermedad de Antonio, ya felizmente superada. El cantante y la cara más visible de Ketama ha pasado por varios altibajos personales y de algún modo ha sido víctima de su exposición mediática como personaje público, en ocasiones muy tentado por la prensa del corazón. Este retorno a los escenarios se antoja casi terapéutico para el músico, al que tanto Juan como Josemi parecen especialmente interesados en arropar y animar.

El público de Ketama se ha hecho algo más mayor, pero seguro que responde en masa a la propuesta de su gira de regreso, que contempla aforos de bastante entidad en un buen número de ciudades españolas. Juan fue preguntado por la posibilidad de que las fechas se amplíen a los países latinoamericanos, una opción que no llegó a concretar, pero sí aventurar.

Desde el punto de vista del Rock no es mucho lo que en principio Ketama puede aportar al estilo en 2018, aunque cabe recordar que gracias a su labor de pioneros llegaron las luminarias posteriores de formaciones como Los Delinqüentes y mucho de ese Rock poético que tanto impregnó a artistas como Albertucho, Poncho K e incluso las rendiciones flamencas de todo un Kutxi Romero, el cantante de los siempre añorados Marea. Ojalá pronto escuchemos guitarras eléctricas en los discos de los madrileños. Perderían afines, pero ganarían a quienes disfrutamos con el toque Hendrix de Raimundo Amador o incluso la loca coctelera de O’Funkillo.

Leo Cebrián Sanz