Hay quien dice que la madre de los hijos de Phil Campbell no está muy contenta con eso de The Bastard Sons. Sea cierto o exageración, nada como trabajar en familia para recuperar esas canciones de las que ha comido todo el clan durante los 30 años que el guitarrista ha militado en los sagrados Motörhead. No se trata bajo ningún concepto de una banda de tributo, ya que la formación cuenta con dos discos largos y un primer EP de presentación. En sus canciones propias Phil da rienda suelta a su vertiente más rockera y clásica.

Angelus Apatrida no tuvieron que compartir escenario con los endiosados Bring Me the Horizon como ya pasó en el Resurrection Fest, así que pudieron descargar a gusto toda su metralleta de balazos Thrash. Los de Albacete son capaces de sobrevivir a cualquier piedra en el camino -incluso si ésta es televisiva- y abordan en breve una gira por Estados Unidos como cabezas de cartel. Será en febrero de 2013 y gracias a la cantidad de fechas que tienen firmadas hasta entonces llegarán en un óptimo estado de forma a su cita con el público norteamericano. El cuarteto ha conseguido algo tan difícil en España como que nadie hable mal de ellos, todos reconozcan sus méritos e incluso unos y otras saquemos algo de orgullo patrio cuando vemos que son capaces de jugar en las grandes ligas.

Para satisfacción generalizada de la audiencia, Doro prioriza el repertorio de Warlock respecto al suyo en solitario, al menos en las presentaciones que le estamos viendo en este verano de festivales como el Rock Imperium, donde también actuó. Al inicial ‘I rule the ruins’ siguieron otros clásicos de los alemanes como ‘Burning the witches’, ‘Fight for rock’, ‘Metal racer’, ‘Für immer’, ‘Hellbound’, ‘All we are’ y ‘Eartshaker rock’. Y para completar la visión de una trayectoria de décadas, la rubia vocalista introdujo en la lista sus más personales ‘Revenge’, ‘Raise your fist in the air’ y ‘All for metal’.

Tras la depuración y/o cancelación de su histórico bajista Dave Ellefson, Megadeth no parece haber acusado el golpe. El impulso que les da la guitarra de Kiko Loureiro ha convertido a la formación en un modélico ejemplo de lo que vendría a ser la música clásica del Metal. Hay que entender esta acepción como la referida a aquellas bandas con una solvencia técnica y capacidad de composición que sobrepasa los límites del tiempo y el estilo. Una de esas propuestas que terminarán siendo aceptadas masivamente, como en su día pasó con AC/DC, Metallica o Motörhead.

Hay que ser divo -y habérselo ganado- para soltar esto en mitad de su concierto en referencia a la prueba de sonido de Judas Priest, que se efectuaba en paralelo. Palabras de Mustaine, «te rogamos, óyenos»: «La última noche de la gira -llegamos hasta la última puta noche- y un gilipollas en el escenario de al lado tiene que empezar a tocar mientras estamos nosotros. Qué jodidamente patético, qué pedazo de mierda amateur eres. ¿Podemos seguir ya? Puto payaso”.

Judas Priest se hicieron acreedores del beneplácito general del público asistente al Parc de Can Zam con una actuación soberbia, realzada por ese mágico momento en que la tarde se convierte en noche y los efectos visuales ganan en espectacularidad. Por supuesto, la noticia a escala global fue la presencia del guitarrista Glenn Tipton en tres de las cuatro canciones de los bises -las otras dos fueron ‘Electric eye’ y ‘Hell bent for leather’-. El músico, afectado de Parkinson, se atrevió con los inmortales ‘Metal Gods’, ‘Breaking The Law’ y ‘Living After Midnight’.

En cuanto a Rob Halford, lo suyo es un caso de estudio sobre cómo envejecer dignamente en el mundo del espectáculo. Su figura ya está siendo aceptada y reivindicada por las elites culturales, siempre tan snobs, pero bienvenida sea esta canonización mediática tan tardía como merecida.

El caso de D.A.D. en nuestro país resulta bien curioso. Lejos de ser populares o una referencia básica en el imaginario de los heavies nacionales, los daneses conservan un halo de banda de culto que les viene muy bien cuando se trata de completar potentes carteles como el de Santa Coloma. Canciones emblemáticas como ‘Slipping my day away’ o ‘I won’t cut muy hair’ lucieron mejor cuando ya no quedaban más bandas de música que fueran a ofrecer sus canciones originales en el Rock Fest. Después de su show llegarían las versiones de AC/DC de The Wires y la sesión de los Pretty Hard Djs, pero Dysneyland After Dark echaron el cierre del Rock Tent con una elegancia nórdica que habría merecido mejor horario.