Estamos inmersos en plena vorágine de festivales y el primero de los masivos que ha inaugurado la temporada de los más “metaleros” ha sido el Rock Imperium celebrado en el Parque El Batel de la localidad murciana de Cartagena el pasado fin de semana.

El grupo alicantino Lándevir fue el encargado de abrir el escenario principal del evento, el denominado Estrella Levante Stage. Fue a las dos y media de la tarde y durante 40 minutos disfrutaron de una actuación histórica para la banda, que recibe así una merecida recompensa a su tesón de varios años de carrera. El tema que hemos elegido para ilustrar su intervención es ‘Never stop the dreaming’, su último single, que en su versión de estudio interpretan junto al gran vocalista Jeff Scott Soto.

Justo al lado de este escenario se encontraba el bautizado como Imperium Stage, que los italianos Rhapsody of Fire se ocuparon de poner a punto para el resto de compañeros con un show de horario complicado: de 15:15 a 15:55. Los reyes del Metal “de espadas y dragones” están en el corazón de muchos heavies de las dos últimas generaciones, para quienes sonó estupendamente bien este épico ‘Emerald sword’.

Como diría un cronista de tiempos más remilgados, “la rica multiplicidad” de los sonidos más potentes se hizo constatable con la actuación de los siempre aplastantes Sodom. Se han cumplido 40 años del lanzamiento del single y disco ‘Iron Fist’, de los referenciales Mötorhead, y era lógico que los germanos rindieran pleitesía a uno de sus favoritos más inspiradores.

La bandera del país de Måneskin volvió a lucir bien alta en la programación del Rock Imperium, esta vez de la mano de los chicos de Lacuna Coil, cuya voz femenina es la cantante Cristina Scabbia. En tiempos de reivindicación del papel de la mujer en el Metal, he aquí un buen ejemplo de cómo su presencia se ha convertido en una pieza fundamental en el gran puzzle del estilo a escala planetaria. Su clásico ‘Fallin again’ fue muy coreado.

La posición de Avatar en el cartel del viernes sorprendió por lo prioritario de su horario, prácticamente entre las siete y las ocho de la tarde. Aun teniendo aún la luz del día como hándicap para una propuesta tan visual y teatral, el entretenimiento está asegurado con este quinteto. Es inevitable que su vocalista Johannes Eckerström recuerde a ese mismo Alice Cooper que esta semana anda actuando por España. Ambos pueden considerarse un ‘Bloody angel’ de distintos orígenes y décadas.  

Y no era precisamente un ‘Black winter day’, pero aquí estaban los finlandeses Amorphis para aprovechar la caída de la tarde y envolver a la audiencia con su Metal Progresivo y oscuro, fruto de una evolución que partió de los registros más extremos para dar un salto cualitativo hacia la complejidad técnica e instrumental típicamente escandinava. Y sí, nosotros también queremos vivir en Helsinki.

Una guitarra de círculos concéntricos de color negro y amarillo, un pie de micro lleno de calaveras y un tipo malencarado con una falta tipo escocesa retorciéndose sobre un pedestal. Se trata de Zakk Wylde, la bestia descubierta por Ozzy, quien con sus Black Label Society ofreció un potente contraste de rudo Metal Stoner del profundo Estados Unidos.

Indiscutiblemente, el protagonista de la noche tenía que ser Tobias Sammet, un tipo que lo mismo te “sustituye” a unos cabezas de cartel que te responde en diez minutos a la lista de los mejores del año, en tiempos en que sólo existía la comunicación vía e-mail. El líder de Avantasia es hoy por hoy la personalidad más relevante de la escena de la música dura en el continente europeo. Un profesional de la cabeza a los pies, que se lució junto a la plana mayor vocal del festival en la celebrada ‘The seven angels’.

El colofón lo pusieron los mediterráneos Hitten, que desde Murcia defendieron la dignidad del Heavy Metal nacional en la madrugada del Heretic Stage. 0% impostura, 100% autenticidad en su estética y amor a la NWOBHM.