Para nosotros «Tibu» no es otra cosa -y nada menos- que el bajista de la banda Banzai. Sin embargo, en las últimas semanas ha sido su condición de antiguo representante artístico la que le ha convertido en un personaje muy relevante para la prensa generalista. La edición de su libro «Memorias de un manager» ha abierto una caja llena de truenos, mucha bilis acumulada y una tóxica sensación de ajuste de cuentas permanente con sus antiguos asociados.

La historia de «Tibu» es la de un manager de enorme éxito y poder, que termina pasando varios años en la cárcel tras la denuncia por apropiación indebida y estafa de uno de los grupos a los que representa: El Canto del Loco. ¿Recuerdan ustedes la frustrada reaparición de Banzai, con la repentina desaparición de su bajista y el posterior replanteamiento de lo que debía ser el regreso a los escenarios de la banda de Salvador Domínguez? Pues mucho tuvieron que ver los problemas con la justicia de Carlos Vázquez, que por cierto un elegantísimo «Salva» nunca quiso revelar para no hacer leña del árbol caído.

«Tibu» ha salido muy tocado de la prisión y ha escrito un libro cargado de agresividad e inquina, del que nadie parece salir indemne. Atención a las primeras palabras de su obra: «Guardo en el despacho de un notario fotos, correos, mensajes de texto y todo tipo de escritos de muchos personajes conocidos que romperían familias, empresas y hasta algún que otro partido político. No tengo intención de sacarlos a la luz, salvo que un juez o mi propia necesidad me obliguen a ello”.

Con semejante preámbulo, no es nada raro que el antiguo músico dispare a diestro y siniestro con una saña que ha impactado en su reciente entrevista a la revista Vanity Fair: «Está muy bien que la gente crea que David Summers es el yerno ideal de España y El Canto del Loco un grupo maravilloso, pero igual no es así. Ni yo soy tan malo ni ellos tan buenos». «Tibu» califica a Hombres-G como «gourmets del sexo» -expresión que entendemos como crítica- y castiga con similar rotundidad al cantante de ECDL: «De Dani Martín me pude esperar la traición, incluso de Hombres G, pero de Aute nunca y fue de los primeros en bajarse del barco cuando hacía aguas y de muy malas maneras».

Y es que en efecto, «Tibu» también fue representante del recientemente fallecido Luis Eduardo Aute, a quien acusa de materialista y obsesionado con el dinero: «Sentí que todos los años de entrega habían sido mentira. No me merecía ser tratado de esa manera. Hay una imagen onírica y maravillosa de un Aute que es el compendio de todas sus virtudes, pero hay un más allá también, cosas que la gente no sabe».

El cantaor José Mercé también recibe lo suyo, pese a que las paradojas de la vida les hayan unido por la relación sentimental de sus hijos: «Él decide dejarme porque al principio en mi casa había Moët Chandon, luego latas de cerveza y después ni eso. Perdí el glamour y ya no molaba estar con «Tibu». José se fue y se negó a cumplir los contratos que tenía firmados. Hizo que su abogado me mandara un burofax, uno de los textos más crueles que he leído en mi vida».

Podríamos seguir con más ejemplos de este «disparar a matar», pero preferimos recordar un fragmento de la letra de uno de los mejores temas de Banzai, «Funciona legal» -por cierto, la letra no corresponde a «Tibu», sino el escritor Jaime Noguerol-:

«Si te buscas la vida en este pudridero / a tu colega no debes tangar.
Distingue disfraces y juega tus cartas / porque las cosas andan muy mal.
Se decidido como un acorde / en sintonía de buen rock and roll.
En tus movidas, a tus colegas / no des el palo, funciona legal.
Funciona legal / Háztelo bien / ¡No des el palo! / Funciona legal.
Clandestina noche, sirenas conocidas / Nuevas redadas, la basca se esfuma.
Para sobrevivir, respeta una ley: «No hay luna llena si falla la amistad».
Funciona legal / Háztelo bien…»

La parte del Rock nos la reservamos para la lectura completa del libro, pero en la entrevista citada llama la atención la disparidad de recuerdos de «Tibu» respecto a algunos de los compartidos con Ramoncín o Hermes Calabria. El bajista incluso afirma haber ensayado dos meses… ¡¡con los mismísimos Scorpions!! ¿Realidad o ficción? Lo publicado por Lince Ediciones nos servirá como «máquina de la verdad».

Leo Cebrián Sanz