“De Escalde y Trinchera” se llama el nuevo disco del veterano guitarrista Rosendo Mercado. Se trata de una nueva colección de canciones de las que saldrán por lo menos un par de ellas que se asentarán con naturalidad en los repertorios de los directos de los próximos años.

Al músico de Carabanchel le costó zafarse de la marca “Leño” y ahora, con la edición de nuevos temas, se libera de los rumores de retirada, intensificados por algunos homenajes a su trayectoria, el último de ellos una medalla de oro concedida por el Ayuntamiento de Madrid.

Una vez más, afina su ironía y juegos de palabras en un disco que, a buen seguro, será bien recibido por sus fieles. Nos hemos encontrado pocas sorpresas, y es que el guitarrista ha sabido crear un estilo definido y, a la vez muy personal, sobre todo desde que decidió utilizar el trío como formato habitual. Vuelven a participar en el disco sus compadres Rafa J. Vegas (bajo) y Mariano Montero (batería), aunque llama la atención la participación a los palos de Gaspar di Geraldo en nada menos que cuatro cortes.

El autor de “Loco por Incordiar” vuelve a ejercer la catarsis para aliviarnos de la frustración que supone ver el mundo que nos rodea, especialmente el político. Sus ácidos versos, extraídos desde una atalaya que sirve para observar con sarcasmo un panorama de confusión y conformismo , no suelen caer en lugares comunes.

“Cúrame de Espantos”, tema típicamente rosendiano que abre el disco, es uno de los candidatos a pervivir en la memoria colectiva (el tiempo dirá…) También llama la atención el primer sencillo, “Que si vengo que si voy”, una auténtica declaración de intenciones adornada por un riff pegadizo de guitarra y un ritmo machacón de batería.

La producción de Eugenio Muñoz, supervisor de cabecera en las últimas grabaciones del veterano guitarrista, contiene sonidos que adornan la sencillez del rock primario del trío madrileño. Tal es el caso de la flauta del maestro Jorge Pardo en “Qué bufonada”, una espléndida crónica del inmovilismo político en el que estamos inmersos, y la gaita de Mintxo en “El botillo y la pringá”, canción con un estribillo también típico del gran referente de nuesto Rock Urbano.

Quiza el disco no llegue a la excelencia, algo difícil tratándose de una carrera tan prolija. Pero al menos sirve para seguir saboreando, esperemos que por unos cuantos años más, los versos y sabiduría instrumental de nuestro mítico Rosendo. ¡Agradecidos!

Javier del Valle