El mes pasado dábamos la noticia de que Rodriguez, el guitarrista hispano-suizo afincado ahora en España, había lanzado el primer sencillo de adelanto, “The road to now”, de su nuevo disco de larga duración, titulado “6350”. El LP ya ha salido en formato digital y está disponible aquí. Contiene once temas nuevos y originales.
El guitarrista, principalmente, y multiinstrumentista resume así lo que significa “6350” para él: “Este álbum es como una versión adulta de mi primera banda. Lo interesante es que me he dado cuenta ahora que está hecho”.
Manu Rodriguez nos cuenta más: “Hace exactamente cincuenta años sostuve una guitarra por primera vez. Ya entonces tuve esa extraña sensación de que la música formaría parte de mi vida para siempre. Hace diez años, después de una larga pausa desde mi último álbum entonces, empecé a trabajar de forma sistemática en mi catálogo de más de doscientas canciones e ideas inéditas. Durante ese tiempo produje más de cien de mis canciones y las publiqué en seis elepés y tres EP. Con ‘6350’, mi séptimo álbum desde aquel nuevo comienzo, se cierra para mí otro círculo. Por eso el título establece deliberadamente un vínculo con ‘5340´”. (Disco que lanzó en 2017 y cuyo título mostraba su edad en aquel momento y los años que habían transcurrido desde que comenzó a dar sus primeros pasos con la guitarra. El mismo mensaje encierra la cifra ‘6350’ ahora).
Continúa Rodríguez: “Una vez más, las canciones son una mezcla de nuevas composiciones e ideas más antiguas. Al revisar mi catálogo, encontré dos fragmentos de canciones de mi época con mi primera banda, TRB. Las había escrito cuando apenas tenía dieciséis años. Aunque nunca habían llegado a terminarse del todo, tenían algo que volvió a emocionarme de inmediato. Las terminé con la experiencia de hoy, pero prestando especial atención a no alterar la sensación original de aquellas ideas. A veces, una idea nacida en la juventud ya contiene todo lo que necesita una buena canción. Sólo espera el momento adecuado para encontrar su forma definitiva”.
Sobre el proceso, nos cuenta el músico: “Después de preparar las maquetas, contraté a Andrea Romaggioli, un joven batería de Roma. Tenía una idea muy clara del papel que debía desempeñar la batería en este álbum. Su función era sentar las bases, crear un groove tranquilo y constante, y mantenerlo todo unido. Después, la percusión podía aportar los colores y los pequeños acentos, como los adornos de Navidad, por así decirlo. Yo mismo me encargué de la voz principal y grabé las guitarras acústicas y eléctricas, el bajo, el piano, el piano eléctrico y, en dos canciones, también el órgano Hammond. Para los demás instrumentos y las voces (corales) volví a contar con músicos de distintos países con los que ya había trabajado en producciones anteriores. A estas alturas, estoy muy familiarizado con esta forma de trabajar. Me produce una gran satisfacción observar cómo, paso a paso, un álbum va tomando forma a partir de muchas piezas individuales. Naturalmente, detrás de cada detalle hay mucho trabajo. Hace falta concentración, paciencia e innumerables decisiones. Y sin embargo, hoy todo el proceso me resulta sorprendentemente natural. Casi como si cada cosa encontrara su lugar en el momento adecuado. Es como contemplar el crecimiento de una planta. Algo que me lleva plenamente al presente: un lugar sagrado donde el tiempo y el espacio se disuelven y me siento en armonía con todo lo que existe, un lugar en el que me siento como en casa”.