La fotografía rockera necesita de nuevos nombres que refresquen el panorama de profesionales que han irrumpido desde la digitalización de su tecnología. Sin embargo, esta democratización del acceso al arte fotográfico ha producido una avalancha tal de candidatos, que hay autores que han preferido volver a lo analógico para distinguirse del resto de quienes inmortalizan la realidad.

Como si del retorno al vinilo y el cassette se tratara, ya hay un fenómeno de hartazgo de lo digital y regreso voluntario al encanto de la fotografía de toda la vida, la de carrete. En esta interesante línea de trabajo se mueve nuestro último descubrimiento: David Garcerán, al que conocimos por el primer número del fanzine Contrafotografía.

Su historia nace del Punk y el skate, dos aficiones paralelas que convergen en la imagen fotoráfica: “Mis primeros pasos por la fotografía cuando empecé a tomármelo en serio fueron imitando las fotografías de los discos de Hardcore/Punk de Nueva York de mediados y finales de los años 80. Esto fue en 2014, cuando recuperé una vieja cámara, una Nikon EF300, que encontré de pequeño en un pantano de Teruel. Ese año me dio muy fuerte por el skate, y leyendo un especial de fotografía anual de la revista Kingpin, vi que aún había mucha gente usando la analógica. Además, se estaba poniendo “de moda” y cuadraba con el artwork de la música que me gusta, así que me motivé y empecé a probar”.

Las dificultades técnicas estuvieron a punto de hacerle desistir: “Con el tiempo fui viendo que esa cámara era bastante limitada y al cabo de unos meses adquirí en Ebay una Smena 8M que no funcionaba bien. Pensaba que el problema era yo, que no sabía usarla, y la verdad es que me deprimió bastante porque salían todas las fotos fatal. Más tarde descubrí que eso era que el obturado, entre otras cosas, sólo funcionaba en modo Bulb, pero casi dejo de hacer fotos”.

“Cuando vi que simplemente iba mal”, continúa Garcerán, “compré una Praktica Super TL 1000, que se me estropeó al hacer una foto. Aún la conservo. Yo en aquel momento no tenía nada de dinero y todas esas pruebas y revelados en vano eran un gasto enorme para mí, así que lo aparté un tiempo. Como soy muy cabezota, cuando pude me volví a comprar otra Praktica, que esta vez sí funcionaba correctamente. Mi obsesión por esta cámara es que es SLR, o sea, completamente manual. No necesita electricidad para funcionar -no uso el medidor de luz-, así que es genial para aprender y cuesta muy poco dinero -40 euros-“.

Su condición de músico le hizo decantarse por imágenes que reflejasen momentos intensos de las actuaciones de los grupos que veía en directo: “Ya había empezado a hacer fotografías de conciertos con la Nikon, pero entonces empecé a mejorar de verdad. Durante años he ido a casi todos los conciertos de Punk de la ciudad y toco en varias bandas. La fotografía del Punk era lo más natural del mundo para mí y me empecé a obsesionar con documentar los conciertos en ese mundo”.

El futuro se presenta positivo para este joven talento de la foto fija: “En la actualidad poseo una Canon A1 -la Praktica murió en una gira por Reino Unido-, que también puede ser totalmente manual. He hecho fotografías de más de 100 bandas, tanto en Barcelona u otros lugares de España como en Europa y Estados Unidos. Mis fotografías son todas en blanco y negro, que yo mismo revelo y escaneo en casa. Intento buscar las instantáneas que pueden tener más movimiento. El Punk es muy agresivo, sea por mensaje, estética o tipo de sonido, y faltan imágenes en las que se pueda palpar eso”.

Actualmente podemos acceder a su obra mediante un pequeño colectivo llamado Contrafotografía, con el que publica fanzines de fotografía -suyas y de sus amigos-, además de dar a conocer a numerosos fotógrafos amateur, tanto en sus redes sociales como en la web http://contrafotografia.com. El proyecto comenzó a dar sus pasos en enero de este año: “Hay muchas ideas pendientes de hacer, veremos a dónde nos lleva”, concluye David.

Leo Cebrián Sanz