
Hace veinticinco años, en septiembre de 2001, salió el número 56 de Los+Mejores, que ya tenía formato de revista profesional y sus ejemplares se distribuían en muchas ciudades de España pero con especial incidencia en la Comunidad de Madrid.
En esta ocasión la imagen principal de portada la ocupó Saurom Lamderth, un grupo desconocido para casi todos en aquel momento que lanzaba su primer disco: “El guardián de las melodías perdidas”. Luego la formación se quitó el apellido para triunfar sencillamente como Saurom. Teníamos muchos lectores que nos mostraban su extrañeza porque dábamos el protagonismo de nuestra tapa a bandas principiantes. Sin embargo, Los+Mejores preferíamos apostar y ser diferentes no colocando siempre en la página principal a los más famosos. Además, esta vez no nos equivocamos, ¿verdad?
Entre las publicidades destacadas incluidas en la revista, para tener una idea de qué se cocía en el rock en aquellos momentos, estaban las del sencillo de Medina Azahara “Tierra de libertad” -adelanto de su CD de mismo título- y de los discos “En compañía de lobos” de Crisis De Fe, Mixomatosis, Warm Up, Out Standing, Saldo Insuficiente, Agathocles, Yaxtabien, Guitar Mafia, MoreRock…
Los días 27 y 28 de julio de 2001 se celebró la segunda edición del festival Rock Machina que, como la primera, tuvo lugar en Moncofa (Castellón). Lo organizaba la extinta compañía de discos Locomotive y aquel año tuvo como nombres más relevantes a Kreator, Symphony X, Iron Savior, Gamma Ray, Rhapsody, Axxis, Kamelot, Blaze (Bayley), Grave Digger, In Flames, Axel Rudi Pell… Una lástima que el festival sólo celebrara una entrega más en 2002 porque el equipo responsable, que contaba con Manolo Rock y Chema Gallego, entre otros, nos trató como reyes en los tres eventos vividos.
De la crónica al uso -o de lo que pudo o quiso ver- se encargó nuestra entonces compañera Almu Gutiérrez y yo firmé una columna, muy apretada porque quería contar mucho pero nos quedaba poco espacio en la revista física, que acabó siendo otro precedente más -sin saberlo entonces- de la sección fija que luego se llamaría «El diario de Jon«, pues versó sobre todo el chisme y salseo que pude presenciar en torno a los escenarios… o incluso en el hotel donde nos alojamos junto a la mayoría de los músicos.
Jon Marin

Debe estar conectado para enviar un comentario.