Hemos seguido los pasos de Mariano Gómez con el proyecto poético-musical Caravana Undergound, en el que han sido constantes sus referencias y homenajes al poeta Miguel Hernández. Lo que sorprendió hace unos meses es que, según nos contó, llevaba treinta años o más estudiando su obra. Esto ha dado como resultado la publicación de la primera edición crítica específica, sin el añadido de otros poemas, en la que se aborda por fin un estudio bastante amplio sobre “Perito en lunas”, la obra de estreno del escritor alicantino.
por Jon Marin
Mariano, creo que nadie esperaba en estos días una edición que actualiza un libro que viene siendo problemático durante casi un siglo por su hermetismo, que lleva tantas décadas fuera de juego. Cuéntanos con detenimiento los antecedentes de todo esto, expláyate sin prisa. ¿Dónde empieza una aventura tan singular?
-Está bien, acepto tu propuesta. Si tienes un poco de paciencia, comenzaré por el principio: En mi caso la conexión con la cultura llega a través de la música, que es la faceta que modestamente me ha dado a conocer. Siempre ha sido la fiel compañera que me viene llevando en volandas por la vida. En los sesenta, todavía siendo un niño, pude comprobar con atención a través de la televisión el panorama musical español y después lo viví en primera fila como espectador activo en los setenta. Creo que es la etapa más creativa de la música popular en España. Se fueron dejando a un lado las influencias francesas, que hasta entonces eran vistas como superiores, quizá por un complejo, pero estas influencias nunca conectaron con el pueblo español, y lo digo porque esa fría seriedad musical no encaja con nuestra manera de entender la vida. Solamente conectaban con las élites y las élites ya no conectaban con la mayor parte de los jóvenes, que recibían otras influencias más internacionales, más acordes con los tiempos. Había otros conceptos culturales que se venían desarrollado desde inicios de siglo en Estados Unidos al contacto con la población africana y se habían extendido por todo el mundo.
Perfecto, has comenzado hablando sobre música, que es el motivo principal de este medio. Sigue, por favor…
-Como te decía,en diez años surgió un panorama musical nuevo gracias al impulso de las corrientes americanas y británicas. Los que no hayan vivido esa época no se pueden imaginar la escena musical y el espectáculo de una calle plena de intensidad, lo que se podía respirar cada día. Los grandes cantantes que venían de atrás como Miguel Ríos o Nino Bravo, también cantautores y cantautoras que eran magníficos poetas musicales como Serrat, Mari Trini -que era la más francesa– o Cecilia, las variantes del rock progresivo, rock sinfónico, rock andaluz y de otras regiones; el nuevo jazz catalán de una altura que hace palidecer lo que se escucha ahora mayoritariamente, el renacer del folk con nuevas corrientes en cada lugar del país y cantautores en las diversas lenguas que nos enriquecen, el estallido de la rumba catalana, los palos del flamenco en evolución con sonidos norteamericanos y británicos, el sonido Caño Roto -que es un invento tremendo-, el ambientazo de la salseta… Después, lo que llaman movida, una explosión de creatividad que se inicia con el rock and roll madrileño y el rock urbano al que inmediatamente toma el relevo una generación más joven, sin prejuicios, que ya se estaba iniciando en el punk, en el pop británico de nueva cuña y en muchas cosas más.
Un trago de cerveza y Mariano sigue contando:
-Lo que te he contado fue mi formación inicial, a la que se fueron uniendo las lecturas y la vida. Pronto comencé a forjarme intelectualmente gracias en gran medida a mi padre, un hombre que se había pasado media vida leyendo lo mejor de la literatura universal. Tenía una cultura excepcional. Entre otras funciones, desempeñó la de bibliotecario en el Centro Segoviano en Madrid. A través de él me llegaron influencias de los clásicos griegos, del Siglo de Oro con la poesía, la novela, el teatro, la pintura española y el refranero, que siempre lo tenía en la boca. A esto le fui añadiendo vanguardias más contemporáneas con Goya, Baudelaire, Buñuel, la psicodelia literaria y musical americana, Valle Inclán, los grandes poetas y pintores españoles del siglo XX. Las calles de Carabanchel y Malasaña eran un hervidero donde todo se cocía de todo. Música y literatura fueron arraigando. Con ese caldo de cultivo, comencé a escribir. La composición de canciones fue un reflejo espontáneo de lo que podía sentir, al estilo de los músicos autodidactas callejeros, porque no tengo formación musical. Cada vez que he intentado aprender con un profesor de guitarra, le he aburrido en pocos meses, soy incapaz de seguir una disciplina para interpretar.
Intento llevar la conversación al libro que ha firmado, tema principal de esta entrevista, pero Mariano tiene más datos que aportar acerca de su trayectoria…
-Para llegar hasta ahí, primero hay que pasar por algunos lugares. Como te iba diciendo, todo fluyó cuando música y poesía se conectaron. Entonces adopté un papel más activo, salir del rol de espectador. En los primeros ochenta escribí una colección modesta de poemas y, como quería publicarlos, ideé un proyecto de fanzine para compartir obra con otros creadores. Enseguida encontré un punto de apoyo en mi gran amigo de batalla cultural y gran periodista Manuel García Blázquez. Como estaba mucho más curtido que yo, enseguida me quitó esa idea de la cabeza y lo que hicimos fue fundar una revista literaria en toda regla, que tuvo una vigencia de varios años. Por la revista Brisa pasaron futuros escritores y artistas gráficos, la mayor parte eran amigos de Manolo o amigos míos que publicaban por primera vez. Manolo, que ya venía escribiendo en los periódicos madrileños y en algunas revistas, siguió su camino como editor. Con el paso del tiempo sigue abarcando facetas culturales. Más adelante hice programas de radio en la emisora libre Radio Negra. Pasaba muchas noches de fin de semana pinchando discos en los clubs de rock hasta el amanecer. Como tenía amigos músicos, les ayudé como pude con la promoción en los medios, en la gestión de conciertos… incluso viajaba como uno más donde tocasen. Era un modo de llevar rock and roll por la geografía con autogestión y libertad para perder todos dinero.
-Je, je… ¡Qué me vas a contar!
-Ya te puedes imaginar que, con esos mimbres, nos pasaba de todo. Fue una etapa peligrosa, porque estábamos fuera de lugar. Las aguas musicales ya se habían calmado, nosotros no. Como quien no quiere la cosa, un día luminoso, se encienden las luces. Surgió la chispa y cogí la guitarra que tantas veces sólo me había servido para estrellarme. Empecé a componer canciones con textos de Miguel Hernández y de ahí deriva buena parte de lo que me viene sucediendo hasta hoy.
Ahora sí. ¿Por qué esa pasión por Miguel Hernández?
-La pasión por Miguel Hernández es difícil de explicar, ¡y mira que me lo han preguntado! Te puedo decir que cuando leo a Valle Inclán o a Miguel Hernández tengo la impresión de estar sentado junto a los grandes del Siglo de Oro. Saben unir la calidad, la calidez y la profundidad de la mejor literatura clásica llevándola al contexto social de su momento histórico con la mirada puesta en la sabiduría del pueblo. Son ejemplos de vida entregada en cuerpo y alma a la literatura, sin trampa ni cartón, a pecho descubierto.
“Perito en lunas” es un libro complejo y tú lo analizas desde ángulos inesperados y, además, aportas una teoría inédita. ¿Qué te lleva a estudiar, diseccionar y explicar con tanto detalle esta primera obra de Hernández?
-Como sabes, la vida me ha regalado haber publicado dos discos con el proyecto Caravana Underground, en los que se incluyen algunas canciones con textos de Miguel Hernández. Mucho antes venía familiarizándome con su obra poética, ya en los años noventa me propuse realizar una antología infantil basada en sus poemas. Mi experiencia profesional me lleva a pensar que hay que iniciar los clásicos lo más pronto posible. Desistí de esta idea porque, a medida que el proyecto avanzaba, me asaltaba más otra: realizar una antología sin limitaciones. Terminé una antología de Miguel Hernández para adultos hace muchos años. Todavía sigue inédita. Una vez que la concluí, pensé que debía comentarla. ¡Qué menos, por respeto al lector, que dejar unas pinceladas del que la había realizado! Fue aquí donde encontré un gran obstáculo: por más que leía -y creo que leí todo sobre “Perito en lunas”, comprobé que la primera obra de Miguel Hernández, después de su etapa inicial, no estaba explorada más allá de su faceta estilística. Es muy triste que después de tantos años no llegue al lector, que los pocos lectores que se interesan por ella sólo puedan acceder al continente, no al contenido de la obra.
Y entonces te lanzas…
Pero qué iba a decir yo de “Perito en lunas” si, después de un siglo, no se sabe casi nada de su mundo interior. Tuve que frenar, me bajé de la introducción a la antología, y la antología se quedó aparcada en un cajón, quizá para siempre. Tenía que empezar un nuevo camino y no encontraba el punto de partida, las rutas conocidas no llegaban a ningún sitio, otra vez de vuelta al inicio… Así comenzó una aventura que dura ya más de treinta años. Hoy continúo dentro del universo de “Perito en lunas” intentando picar piedra en una labor arqueológica.
Parece que este libro no es para el gran público, sino para estudiosos de Hernández, universidades… ¿Cómo lo ves tú?
-No tengo una bola de cristal para contestar a esa pregunta. La cultura es para el que tiene ojos, manos, oídos, pensamiento, inquietudes, ganas de disfrutar aprendiendo, necesidad de viajar en el tiempo, gentes con sensibilidad y hambre urgente de vivir. Hice dos carreras, pero eso no es lo más importante, no me va a garantizar nada. El arte vanguardista se encuentra lejos del mundo conocido, al margen de los parámetros y los dictados escuetos del realismo. Cuando entras ahí de poco sirve sujetarte en los dogmas. Es un tobogán resbaladizo, intenta sacar las credenciales cuando vas cayendo por un abismo. La vanguardia siempre ha tenido un componente que la deja fuera del alcance de la mente convencional, es para los que se dejan llevar sin prejuicios, es para los que le meten la cuchara bien dentro, profundamente hasta el fondo, para los que la saborean sin miedo. A Miguel Hernández lo minusvaloraron cuando llegó a Madrid. Imagínale paseando por el centro en alpargatas, se subía a los árboles. El cubismo decían que no era para el pueblo y hoy encabeza algunos de los museos más visitados por el turista generalista. El Greco era confundido con el pintor de las dificultades visuales y sigue llenando Toledo cada domingo. Negros que no dejaban entrar en los bares terminaron siendo aclamados en los teatros y grandes escenarios de Estados Unidos. La cultura puede avanzar o retroceder. Si te dan una llave, puedes guardarla o ignorarla, pero también puedes probarla y saber si sirve, intentar abrir alguna puerta.
Sabias palabras. ¿Serías capaz de explicar qué aporta esta edición crítica de “Perito en lunas” al conocimiento de la obra?
-Esta edición crítica es un trabajo de investigación en el que parto de las premisas que suelo plantearme cuando intento acceder en profundidad a un clásico. Primero me documento sobre los puntos de vista académicos y experimentales, los estudios que ya se han expuesto sobre la obra. Luego la leo “con mis ojos” (hace el signo de las comillas) como si estuviese en diálogo con el narrador. La leo al margen de lo que ya se conoce, al margen del punto de vista bibliográfico. Intento partir de cero y conectar directamente, como si el autor me estuviese hablando. A veces no coincide con lo que he leído sobre la obra. El autor te va a hablar sobre el mundo y sus circunstancias, tú ya tienes tu mundo y tus circunstancias. Los anteriores que pasaron por la obra tuvieron también sus propias circunstancias. En el caso de Miguel Hernández, acceder al contexto no es complicado. La perspectiva de poeta y de historiador han sido herramientas útiles, me han orientado. La intuición me llevó muy pronto a conectar con algunos poemas, pero la intuición a secas te deja en un lugar muy interesante sólo para ti. Esto sería quedarse cómodamente sentado en el punto de vista personal. Tú no necesitas más, lo estás saboreando, pero es egoísta si ese lugar va a seguir siendo desconocido. Tienes una obligación intelectual que es guiar a quienes quieran viajar hasta allí y dotarles de herramientas, por si lo creen oportuno, para que puedan seguir avanzando. En esto consiste la cultura, no es sólo libros en los que se aprenden cosas. Cuando empecé a indagar más a fondo en la poesía de Góngora descubrí puertas que llevan precisamente a ese mundo interior que ya llevaba tiempo intuyendo, encontré algunas claves para acceder a la trastienda de “Perito en lunas”, que era Miguel Hernández y el mundo que estaba viviendo cuando escribía la obra. Entonces entendí por qué el libro había pasado desapercibido. La interpretación que se venía aplicando a “Perito en lunas” de Góngora llevaba a una cara, pero no es la única. Había al menos una cara oculta de Góngora en la obra. Seguramente hay algunas más que pueden ser de Góngora, y seguramente puede haber otras más que no, pero todas éstas permanecen a oscuras.
Continúa Mariano contando:
-Treinta años son insuficientes, porque sólo en unos poemas he podido avanzar. Es una labor arqueológica para siglos. Yo saco algunas piezas. Mi labor creo que ha terminado, seguramente ya no seré capaz de llegar más lejos, pero tengo la obligación de dejar un mapa de futuro. Ya necesito emprender otros caminos, es media vida. Siento la necesidad de iniciar rutas menos laberínticas. Tengo mi poesía ahí, en un cajón que me está mordiendo cada mañana.
-Pues la esperamos con ganas, amigo.
¿Nos narras alguna anécdota relacionada con el libro, algo que te haya dicho alguien que lo haya leído?
-Que un catedrático emérito de literatura española de una importante universidad, autor de valiosos estudios y obras, con más de cincuenta ensayos y antólogo de Miguel Hernández, te escriba una carta de puño y letra, y que te diga que ha puesto esta edición en un lugar preferente de su biblioteca. Que otros catedráticos y profesores universitarios, algunos hispanistas de Estados Unidos o de Italia, te escriban mostrándote su respeto y sus diferentes opiniones, que algunos te feliciten por la edición… Son ejemplos. Cuando te has embarcado en una investigación hacia un lugar desconocido, todo lo que sea viento favorable se agradece.
Como amante de la poesía, ¿qué otros autores u obras has disfrutado mucho y recomendarías? Bueno, también prosistas, háblame de los que quieras.
-Me voy a ceñir a la literatura del siglo XX español en líneas generales para no extenderme demasiado. No sólo de poesía vive el hombre. No creo que vaya a sorprender a nadie si cito a Pío Baroja y al pintor Ricardo Baroja como excepcionales narradores de su tiempo, a Valle Inclán por su intuición experimental, Ortega y Gasset por su clarividencia en el análisis social. También a Vicente Alexandre, García Lorca y Miguel Hernández por elevar la poesía universal a un lugar que hoy es inexpugnable. Buero Vallejo, Luis Martín Santos o Antonio Gamoneda son francotiradores inmortales. Hay otros, pero estos no hay que perdérselos. Si me lo permites voy a hacer un inciso musical…
-Claro, adelante.
Hay un artista en la sombra que lleva haciendo grandes discos desde los setenta: Michel Huygen con su proyecto Neuronium. A veces los más grandes son casi ignorados. En mi entorno están cuatro talentos que me han enseñado caminos y hacen posible que, entre todos, la Caravana Underground pueda seguir adelante: Chus León, Alberto Santos Veloso, Manuel Álvarez Ugarte y Juan Olmos.
Dicho esto, pasamos al terreno musical. Después del EP “De carne y hueso” (2019) y el LP “Diario de las olas” (2023) de Caravana Underground, nos dejaste caer que estabas preparando otro trabajo discográfico y que quizá estuviese plenamente dedicado a Hernández (con letras de sus poemas, supongo). ¿Es así? ¿Cómo va ese disco?
-Ya tengo grabado un disco monográfico, una obra conceptual en la que abordo con un amigo un viaje poético/ musical por la obra “Perito en lunas” con su prolongación en la vida y la obra de Miguel Hernández. Una grabación al estilo de los álbumes de música progresiva de inicios de los setenta que tendrá su correspondencia visual y literaria. El álbum es un trabajo conjunto en el trabajamos codo con codo dos personas y en el que he aportado la composición musical y mi voz. Alberto Santos Veloso es el productor, arreglista e instrumentista del disco.
Podría seguir escuchándote toda la tarde, Mariano, es un placer, pero en algún momento hay que cortar. Como es costumbre aquí, la última es libre. ¿Qué le quieres contar al mundo?
-Al mundo no tengo nada que decirle. El mundo es viejo y lo sabe todo. A ti sí que tengo que agradecerte la labor que llevas haciendo en compañía de Leo Cebrián por la cultura en general y la música en particular desde hace varias décadas. No has perdido el olfato de reportero y eso hace que tu periodismo de trinchera independiente siga disparando actualidad cada día. Creo que va llegando la hora de que dejes un testimonio vital en ese libro que yo necesito leer.
-No me hagas sonrojar… Por cierto, no eres el único que últimamente me comenta lo del libro. Tiempo al tiempo mientras esperamos ese nuevo disco de Caravana Underground con mucho aroma a Perito en lunas.