Roberto Anés es “el otro” Röber. Lo va a tener complicado cada vez que alguien le confunda con el líder de Extremoduro, pero su nombre es ese y tiene tanto derecho como su tocayo Iniesta a pasearse por el mundo con esa caprichosa diéresis que le distingue por derecho. Mötorhead, Mötley Crüe… y Röber.

Este cantautor rockero es el autor de todas las músicas y letras de su disco de debut, salvo una canción que ha compartido con varios colaboradores. Röber canta y toca el bajo y las guitarras, pero en el estudio se ha ayudado de Tinito en las baterías, los coros y el solo del tema “Aprendí a soñar”. Además, Alberto, Iñaki, Maite y Txiki hicieron de forma indistinta los coros de seis de sus temas, mientras que Fernan -del grupo Atasko- puso su voz en la canción que de nombre al CD. Esteban tocó su guitarra en “No pudo escapar” y Özkan Aydín hizo lo propio en la homónima del título. Como podemos comprobar, una buena reunión de amigos y amigas en torno a un mismo y voluntarioso proyecto.

El disco contiene ocho temas: “Sacos de cemento”, “No puedo escapar”, “Aprendí a soñar”, “Arenas movedizas”, “Miénteme”, “Alfileres”, “Y te vas” y “Mujer incomprendida”. Röber participó en un homenaje a Barricada celebrado en el distrito bilbaíno de Deusto, por lo que vemos claramente de dónde ha bebido parte de su inspiración artística. De hecho, este “Arenas Movedizas” recuerda y mucho -aunque para bien- a los discos en solitario que a comienzos de los noventa publicaron El Drogas y Boni.

El Rock urbano de guitarras y voces desgarradas sacude al oyente, esta vez desde una concepción de (casi) solista. Los estribillos y estructuras fluyen ligeras y la escucha se hace agradable, que no es poco para una primera entrega. Faltan algo de complejidad y arreglos más trabajados, pero llegarán, seguro que llegarán… La precaria producción de este debut se merece otro trato en el estudio, ya que las canciones son lo importante y canciones sí que hay aquí.

Leo Cebrián Sanz