Seguimos indagando en las tripas del cine español para dar con escenas inspiradas o protagonizadas por artistas rockeros. La última historia curiosa en llegarnos gracias al catálogo de esa mina de oro cultural que es la plataforma FlixOlé es una parodia en toda regla de Ramoncín, a quien por cierto vimos en concierto en muy buena forma el pasado jueves 16 de julio con motivo de las fiestas del distrito madrileño de Vallekas.

La película se titula “Nunca en horas de clase” y la dirigió José Antonio de la Loma en 1978, un año después de haber arrasado en las salas con la icónica “Perros callejeros”. El realizador era un experimentado cineasta con décadas de experiencia a sus espaldas, que había trabajado en el oficio sobre todo en cine de géneros comerciales como el western o las películas de acción. Al llegar la década de los 70 el realizador barcelonés disfrutó del éxito gracias a su saga del cine quinqui y productos de explotación como “Nunca…”, que aprovechaban el impacto de “rompe-taquillas” internacionales como “Fiebre del sábado noche”.

La versión española del fenómeno Travolta estaba protagonizada por Nadia Windel, Inma de Santis, Carlos Ballesteros… ¡¡e incluso Xavier Cugat!! La juventud del aquí también guionista De la Loma tomaba las discotecas para bailar desaforadamente los fines de semana, mientras hacía de las suyas en colegios e institutos y se expresaba con coletillas como “de puras madres” o “cantidubi”. Al menos esa era la visión de José Antonio, responsable directo de los diálogos y caracterizaciones de personajes.

Llegado un momento de la acción del film, el presentador de Star 2000 (“la discoteca de la juventud progre”) interrumpe una sesión de baile para dar paso a la actuación de Serafín, anunciado como “el rey del huevo frito”. Ramoncín lo era del pollo frito, pero por lo demás el parecido era absoluto. Un cantante de gafas negras y su grupo acompañante interpretaban un Rock and Roll clásico con letra en castellano -“Escucha mi guitarra”-, mientras a su alrededor la chavalería se volvía loca en un baile exageradamente descontrolado y frenético. Quienes defendían la canción eran realmente Marce y Chema, un dúo adscrito al movimiento rocker, que llegó a editar varios discos.

Al finalizar el tema y la coreografía, en la que participan varios bailarines que acompañan a Serafín y hacen muecas cuales componentes de Cucharada o la Orquesta Mondragón, Serafín se dirige así a la audiencia presente:

“Calma, calma, calma, calma. ¿Pero qué pasa, tíos? ¿Qué pasa? ¿Os vais a enrrollar conmigo, tíos, sí o no?”. Tras unos instantes de murmullos y desconcierto, Serafín contraataca: “Pero qué mierdas sois, vale?” (“mierda lo serás tú”, le contesta alguien del público). El cantante no ceja en su empeño: “Anda, muérete pero que te entierren, que si no hueles, macho. Ja, ja. Desde que salí de mi barrio que es el de la mierda pura, nunca había visto tanta como aquí”. “Marica de terciopelo”, le grita un espectador -obviamente el título de una canción del primer disco de Ramoncín-.

“Os juro que sois unos pasotas coronados de mierda”, continúa el provocador. “Yo os saludo” (réplica de un anónimo: “que te follen, coño, muérete en la mierda”). Serafín se sincera una vez más: “Os quiero tanto, tíos. No sabéis lo mal que me sabe veros tan jodidos. Porque estáis jodidos, verdad?” “Síííííí”, le responden desde el fondo de la “disco”.

“Por eso os voy a hacer un regalo, os voy a regalar lo que más quiero… ¡mis huevos! ¿No queréis mis huevos? Pues ahí van. Vamos, hay huevos para todos. Venga, tomad más huevos. Venga, venga. Tomad más huevos, tomad”. En ese momento, Serafín saca media docena de los susodichos y se los lanza a la multitud, que llena la pista y reacciona con ira.

La que se lía a continuación no lo vivió ni el propio Ramoncín en el famoso concierto de “El Gran Musical” en el Parque de Atracciones. La muchedumbre se lanza a por Serafín y sus músicos, que tienen que huir despavoridos. Por fortuna, dos de los personajes principales cuentan con una Derbi de motocross con la que “salir de naja” para evitar que el falso Ramoncín sea linchado.

La escena completa da buena cuente del impacto que supuso la irrupción de Ramoncín en la cultura popular española y “Nunca en horas de clase” aprovechó el fenómeno del cantante del rombo en el ojo para ilustrar, a su manera, el cambio que la juventud española estaba experimentando tras la llegada de la democracia.

Leo Cebrián Sanz