“Algo ha pasado esta noche. Y ha sido mágico. 43 Grados volvieron a la vida, como si fueran el zombi que se niega a ser enterrado. 24 años sin subirnos a un escenario pese a haber grabado tres discos en ese intervalo”. Esta es una de las frases que el cantante y guitarrista rítmico de 43 Grados, Ace Tregunna, escribió después del concierto que el grupo dio en la sala El Sótano, en el céntrico y tan de moda barrio madrileño de La Latina, el 27 de junio.
43 Grados es un grupo atípico. Lo formaron el mencionado Ace y el guitarrista principal Johnny P. en 1995 y nunca tuvieron prisa en grabar discos, sólo alguna maqueta primigenia de las que se llevaban en los noventa. Su producción se limita a los elepés Años perdidos, (2019) y HardRockBluesMetal (2023). En breve saldrá el tercero: 43 Grados a la sombra. Del mismo modo, tampoco se ha meneado en exceso sobre los escenarios en estos más de treinta años. Únicamente conciertos selectivos como el de esta noche (tarde en Madrid a las 21 h del verano) en una sala coqueta, acogedora y pequeña, abarrotada por sus seguidores, “la gente que más quiero”, dijo Tregunna. Un espacio que suena bien, limpio y con un acertado y medido volumen que, al menos los que ya tenemos un recorrido, agradecemos sobremanera.
Con el habitual M. A. Kayser al bajo y esta vez con Ángel Crimson a la batería, que llevaron la parte de las bases al mismo nivel que las guitarras de Johnny y Ace, este último comenzó a embaucarnos al arrancar con el único tema que sonó de su primer trabajo, Animal domesticado. Luego, en un recital que se nos hizo corto ya que tenía que durar no más de una hora, o sea, nos dejó gran sabor de boca y con ganas de más, sonarían El inquisidor, Ojos de serpiente y La horca de su segundo CD.
Andrea, tema que no conocíamos, siguió la fiesta ante un público entregado que, si simplificamos como en los ochenta, era una mezcla de punkis y jevis. Por cierto, ¡qué placer compartir unas cervezas con el actual productor de 43 Grados, Mané Larregla! Cosas del destino: nos conocemos desde el instituto y siempre es un placer volver a charlar y reír con él mientras brotan las felices anécdotas del pasado. Más casualidades: en el mismo centro, Joaquín Turina, también estudiaron y nació la amistad de los fundadores de la banda.
Vuelta al escenario, que seguían sonando canciones del redondo HardRockBluesMetal: Nunca me quieras, Nos vamos al infierno y Danza de la muerte, con la que acertadamente se despidieron, pues es una de las favoritas de sus seguidores, entre los que me incluyo. Un poco antes cayó Sospechoso habitual, composición que estrenaban, entrará en el próximo LP y nos presentaron en su día en exclusiva a LosMejoresRock y sus lectores.
Es importante reseñar que a mitad de concierto, o un poco antes, se incorporó a las voces Blanca López, habitual en sus trabajos registrados, con lo que aportó otro toque más de gracia y riqueza al grupo en general y a la voz de Ace, la cual tiene el mérito de ser tan personal y distintiva, que a nadie pasa desapercibida cuando la escucha. Si sumas a ello la mezcla de estilos que 43 Grados inserta en sus temas, todos lo agradecemos, ¡que se jodan los que sólo siguen y se encierran en uno de tantos subestilos como la música dura nos ofrece!
Por cierto, su tema de más éxito, Huele a Navidad, se quedó fuera del repertorio. Lógicamente, no pegaba mucho en plena canícula y en un día en el que casi llegamos a los 43 grados a la sombra.
Al bajar los músicos del escenario, entre abrazos de los asistentes, quedó claro que 43 Grados nunca ha entendido la música como una carrera de velocidad ni con el éxito como fin, sino como un refugio al que regresar cuando realmente merece la pena. Todo encajó, todo nos gustó.
Jon Marin