Para Los+Mejores, la revista ‘mamá’ de esta página web, siempre fueron importantes las compañías discográficas y los promotores de conciertos que se anunciaban en nuestras páginas. Regalábamos la publicación y su publicidad era necesaria para mantenerla y seguir adelante. Más relevantes para nosotros eran aquellos grupos independientes que también nos apoyaban creyendo en Los+Mejores para sus campañas después de sacar un disco en el que ya habían invertido ‘su’ dinero o bien cuando querían promocionar sus conciertos. Pero a los que, de verdad, dábamos más valor era a todos los bares, tiendas pequeñas y negocios similares que, mes a mes, se dejaban un poquito de lo que recaudaban en caja para pagar su anuncio en la única revista gratuita, exclusivamente de rock, madrileña.
Uno de esos bares de heavy y rock era el pub Leyenda, en la calle Ponferrada del Barrio del Pilar, referencia para muchos, sobre todo los que vivíamos en la zona norte de la capital española. Su responsable era Antonio y hoy, por medio del conocido batería Joaquín Arellano ‘el Niño’, nos hemos enterado de que nuestro amigo ha fallecido.
El pub Leyenda cerró mientras el que firma residía en México, pero años antes, cuando al jefe le tocaba entregar los ejemplares del mes personalmente en ciertos locales anunciantes o bien había que pasar a cobrar el módulo físicamente, uno de los destinos a los que más me gustaba acudir, y de paso tomar unas cervezas o cubatas, era a éste. Antonio era un tío encantador, que te recibía con una sonrisa, ¡qué coño!, con una risa a boca abierta que no desaparecía durante las horas que pasabas en aquella barra y con la que te despedía… o te echaba educadamente si era muy tarde. No se trata del tópico homenaje al amigo desaparecido; si pensabas (piensas) en Antonio, una cara riéndose era (es) la imagen que inundaba tu cabeza.
Antonio, amante de grupos como Ñu, Saurom y estilos similares, se enfadaba -mientras reía, insisto- cuando en la portada de Los+Mejores aparecía un grupo que acababa de sacar su primer disco y él no conocía aún. “Pero ¿quién coño son estos, Jon?” Claro que alguna vez se equivocaba y luego esa banda lo petaba; no voy a decir el nombre de los protagonistas del chascarrillo. Otro bueno era la cantidad de papeletas que hacía rellenar a sus clientes para que en los premios ‘Excalibur-Los+Mejores’ subieran en la clasificación sus favoritos; una legal pillería que siempre me hacía mucha gracia. También fue una satisfacción personal cruzar las vidas del pub Leyenda y el grupo madrileño Leyenda gracias a verse ambos anunciados en las mismas páginas. Luego, los dos Antonios -el del bar y el artista- acabaron siendo grandes amigos y ‘Leyenda-banda’ escogió ‘Leyenda-bar’ como su sede oficial. Hay muchas más anécdotas, pero, joder, siempre toca tirar de ellas en momentos tristes como el presente… y mi cabeza no da para más o no le apetece trabajar.
La última vez que vi a Antonio fue precisamente en el concierto homenaje que se hizo al guitarrista Juan de Juanes en una sala de Vicálvaro, el cual me invitaron a presentar. Juan había fallecido recientemente, yo acababa casi de llegar de México y fue un placer compartir un buen rato de charla con el querido Antonio, al que le puse al día de mis penas (trivialidades) y él, ¡otra vez riéndose, qué cabrón!, me contó su problemilla de salud. “Pero, ¡bah!, Jon, no tiene importancia», me dijo con tranquilidad y ese buen rollo que siempre desprendía. Descansa en paz, amigo.
Jon Marin