Las tradiciones hay que conservarlas, sobre todo cuando son tan propias y específicas como la que nos ocupa. Durante muchos años, el locutor radiofónico Mariano García repetía hasta la saciedad la emisión en antena de un villancico del grupo Raza. Sus oyentes se lo pedían con insistencia y él estaba encantado de convertir la costumbre en una de las señas de identidad del rockerío madrileño.

Este guiño entre los heavies de la capital comenzó a perder su esencia tras la muerte del DJ hace unos años. Un largo periodo de decadencia profesional y personal llegó a hacer de Mariano García un personaje muy impopular, pese a su indudable aportación al crecimiento del Hard Rock y el Heavy Metal en Madrid. Aún han de pasar unos años para que su figura encuentre el punto justo de reivindicación y valoración serena -cuando se nos olviden todos los excesos y bochornos protagonizados en su última etapa-, pero podemos tomar como punto de partida la que sin duda es la canción más popular de Raza.

Raza fue una de las pocas bandas que en época del auge del primer Metal pesado se atrevió a fusionar el Rock Duro con el Blues eléctrico. Su único disco fue el single «Romperás su corazón», editado en 1984 por Dial Discos. Su cara B era otro clásico de la FM madrileña del momento: «Bomba de neutrones». En él participaron Carlos López «Charras» (cantante), Manolo Jiménez (batería) y los ya por entonces experimentados músicos hispano-uruguayos Jorge «Flaco» Barral (bajo) y Leonel Vignola (guitarra). El productor del sencillo fue el gran José Luis Álvarez, nombre mítico en la historia del Pop y el Rock español desde todos los frentes: periodismo, edición de discos, organización de festivales, etc.

«Turrón de Marruecos» quedó pues para la historia como un tema inédito en su edición discográfica, sólo presente en la memoria de quienes lo escucharon hasta la llegada de Internet y su correspondiente rescate. Esta libérrima versión de «Hacia Belén va una burra, rin, rin» tiene el encanto de una letra políticamente incorrecta, aun cuando ese concepto no existía cuando fue escrita.

Leo Cebrián Sanz