Una de las películas más pintorescas de la siempre “manifiestamente mejorable” relación del cine español con el Rock nacional es “Sinfín”, realizada en 2005 por los jóvenes directores Manuel Sanabria y Carlos “Pocho” Villaverde”. Fue su segundo título tras “La fiesta” (2003) y su último largometraje hasta la fecha, ya que desde entonces han centrado su carrera en las series de televisión. El film parecía tener otra intención -la de retratar las peripecias de una banda de “ida y vuelta” en la escena musical-, pero se trataba básicamente de un vehículo para el lucimiento absoluto de Dani Martín, por entonces vocalista del grupo de Pop El Canto del Loco.

El argumento de “Sinfín” podía aplicarse a la historia de muchas formaciones con éxito popular en la década que más se presta a la nostalgia: “Sinfín vuelve a los escenarios tras triunfar como grupo musical en los años 80. La muerte de Javi, el cantante y líder del grupo, truncó su carrera. Ahora, quince años después, Iván, el hermano pequeño de Javi, les necesita. Y aquí están ellos, con más kilos y más canas, pero más ganas que nunca, dispuestos a lo que sea para demostrar que el rock & roll… no tiene fin. Música, amor y sexo y sobre toda mucha marcha en esta obra que habla del paso del tiempo, la amistad, la dignidad y los desencuentros amorosos”.

El elenco artístico resultaba de lo más extraño, con una mezcla en ocasiones disparatada de propios y ajenos al mundo de la música. Los restantes miembros del cuarteto que acompañaban al vocalista eran Armando del Río, Nancho Novo -con discografía propia al mando de Nancho Novo y los Castigados Sin Postre- y, por supuesto -no podía faltar-, Miguel Ángel Rodríguez “El Sevilla”, directamente desde los locales de Mojinos Escozíos. El manager no era otro que Carlos Iglesias, el actor protagonista de la serie “Manos a la obra” y director de varios apreciables largos. Para el rol de pérfido representante de la industria discográfica se reservaron a un habitual de los personajes de malo con cara de malo: Enrique San Francisco -El Gran Wyoming estaba ocupado-.

Entre los secundarios destacaba Jorge Sanz, que al comienzo del film hace el papel del hermano fallecido del protagonista, la chica de la discordia y antigua novia del primer cantante de Sinfín -Ana Álvarez- y hasta un habitual por entonces de los ambientes heavies de la capital: el gran (y menudo) Javier Aller, en el papel de road manager.

Todas las canciones que Dani Martín interpretaba eran originales, por lo que ya se aventuraba que no tardaría en dar salida a sus veleidades de artista en solitario. Suponemos que para decepción del productor que puso el dinero, el poderoso y para entonces ya no tan decisivo Andrés Vicente Gómez, los fans de El Canto del Loco ignoraron la película, cuya distribución comercial resultó casi testimonial. Para colmo, Dani Martín vocalizaba tanto como Jorge Sanz en sus inicios, por lo que le habría venido muy bien una banda permanente de subtítulos. El curioso vínculo del solista melódico con el Rock y el cine contaba con el precedente de haber sido elegido para doblar a Jack Black en la película infantil de temática musical ‘School of Rock’, dirigida en 2003 por Richard Linklater.

El guión de “Sinfín” incurría en los habituales y cansinos tópicos del Rock en España (cocaína, groupies, camisetas de Miguel Ríos -bueno, eso sí nos gustó-, el grito de guerra “¡¡nos vamos a follar al publico!!… ¡y hasta Nancho Novo disfrazado de Pancho “Bella Bestia”!!). Para dar credibilidad a la biografía visual de Sinfín, los primeros minutos comenzaban con una recurrente aunque divertida vampirización de artículos y titulares de prensa, portadas de revistas y carteles reales. Particular ingenio demostraron quienes tuvieron la ocurrencia de colocar a esta imaginario grupo en el mismo festival de San Isidro en el que tocaron en 1989 en el Rockódromo madrileño Lancelot, Kreator, Sangre Azul y Barón Rojo.

Leo Cebrián Sanz