La veteranía es un grado, lo sabemos, pero sobre todo un aval que permite a las bandas evolucionar en el sentido que ellas escojan en cada momento. Loa alicantinos Lándevir nacieron en Elda en 1988 en un formato de quinteto del que aún quedan tres de sus músicos: los guitarristas José María Pérez (solista) y Francisco González (rítmica) y su batería JF. Por entonces el grupo se llamaba Rivendell, pero ya apuntaba a sus gustos por el Heavy Metal melódico con tintes Folk.

La grabación de un primer disco en 2003 les puso en la partida con su debutante “Leyendas Medievales”, al que tres años después siguió “Sueños Celtas”. Su tercera referencia fue “Inmortal” (2008), con la que rodaron hasta su retirada dos años después. Fue el festival Leyendas del Rock el que oficializó su regreso, aunque lo hizo con un cantante distinto del actual, que es Jose Mancheño.

José Mancheño (voz) y JF (batería)

Valga toda esta introducción para poner en valor la voluntad de una formación que ha vuelto para quedarse.  Su reencuentro con el público madrileño, tanto tiempo después, fue una dulce constatación de que hay hambre de Lándevir. De hecho, más de uno se marchó algo molesto por el hecho de que su set de actuación hubiera sido más corto del previsto.

El repertorio que presentaron el pasado sábado 23 de marzo en la sala Sound Stage fue un muestrario absoluto de su último disco “Desde el Silencio”. Lo iniciaron sus dos primeros temas (“Buscando el paraíso” y “Más allá del mar”) y poco a poco fueron cayendo el resto. “Libre” sonó tras una intro instrumental y la fiesta se cerró con “Mis nombre es Rock and Roll”. No encontró su hueco la más reciente “Recuérdame”, una balada que además estaba pensada como interludio acústico de transición.

De su discografía previa sólo estaban previstas “Las mil y una noches” y “Alba” -de “Inmortal”-, aunque la segunda tampoco sonó por falta de tiempo. Sí tuvieron su lugar esas “Noches celtas” instrumentales que incluyeron en su segundo disco.

Fue un concierto tranquilo tras la tormenta desatada por Salduie, en el que no obstante Lándevir encontró su lugar. Su renovado Hard Rock melódico prevalece respecto al Folk de antaño y abre su audiencia a nuevos y anexos territorios. Las canciones han ganado en peso y protagonismo, con líneas vocales y estribillos que se ofrecen sin asomo alguno de barroquismo u ornamento innecesario.

Mancheño es un buen fichaje y ejerció como líder carismático  el punto de bajarse a botar y celebrar junto a los seguidores “Las mil y una noches”. Fiestón del grande, con medio aforo ocultando su figura mientras el vocalista se paseaba de un lado al otro de la sala compartiendo una imaginaria cerveza de hidromiel.

Leo Cebrián Sanz