Una de las grandes paradojas del sector editorial español es el acuchillamiento y destrucción sistemática de lotes de libros que no se han vendido. El papel pesa y ocupa mucho espacio, por lo que la lógica del mercado obliga a las empresas del ramo a acabar con sus volúmenes aun a costa de la pérdida cultural que ello conlleva. Lo que antiguamente iba directamente a las librerías de viejo o los saldos de los grandes almacenes termina ahora en un contenedor o, en el mejor de los casos, en manos de los propios autores si éstos reclaman o acuerdan la cesión de los ejemplares sobrantes.

Esta dramática situación está llegando ya a la música, aunque en este caso es la propia industria discográfica la que con medidas como ésta parece estar promoviendo su propio harakiri o suicidio consciente. Sólo así se entiende la última noticia de Ramalama Music, una compañía independiente especializada en recuperar discos descatalogados de artistas perdidos en el tiempo de la música ligera española, con apreciables incursiones en la historia del Pop y el Rock de nuestro país.

70 de los CDs publicados bajo su marca tienen que ser destruidos bajo notario por la petición de la multinacional que absorbió a los sellos que los editaron originalmente. Como lo han leído. ¿Quién gana con semejante medida? Ni la gran compañía -que mata el legado de algunos de sus nuevos solistas o grupos-, ni la independiente -que ve literalmente triturado su esfuerzo de reivindicación histórica-, ni por supuesto los artistas y bandas -que pierden la ocasión de seguir en las tiendas aunque sea desde las estanterías de “Nostalgia”-. De los aficionados y el público en general ni hacemos mención…

He aquí el comunicado que ha hecho público la gerencia de Ramalama Music:

“Las primeras bajas: 70 discos que quizás nunca se puedan volver a conseguir.

Durante los 22 años de vida de Ramalama nos hemos empeñado en no descatalogar ningún disco, para que el enorme acervo musical del Pop español de los sesenta y setenta estuvieran siempre a disposición de los aficionados. Y eso, pese a que de algunas referencias antiguas apenas vendíamos cinco o seis discos al año.

Pero las cosas han cambiado. Como saben todos los aficionados, en los últimos tiempos las antiguas compañías han ido fundiéndose por compra o absorción y los dueños no son los mismos que nos autorizaron en su momento las licencias para editar los discos que forman nuestra colección.

En los últimos años, Warner Music ha ido absorbiendo distintos sellos como Fonomusic o EMI, lo que incluye la compañía Hispavox. Y nos han pedido que dejemos de fabricar y comercializar esos discos, que de esta forma desaparecerán del mercado, creemos que para siempre. Es una cifra importante, en torno a los setenta títulos, que debemos retirar, a su requerimiento, a partir del próximo 1 de enero del 2018. (…)

Una vez llegada esa fecha, deberemos destruir, ante notario, las existencias que nos queden. Por eso hemos decidido hacer una oferta especial de estas referencias (…) para que ningún aficionado que tenga interés en ellas se quede sin estas grabaciones.

En nuestra tienda online (…) ya figuran los nuevos precios y además, incluimos aquí la lista de esos discos condenados a la desaparición por si fueran de interés de algún comprador. No es una buena noticia, pero los contratos son lo que son y nos exigen esta retirada masiva de discos… y de cultura”.

El catálogo afectado incluye algunos títulos y artistas que bien podrían interesar a nuestros lectores habituales: “Bulldog (1979-1982)”, “Guadalquivir (1978-1980)”, “Lone Star (1966-1972)”, “Módulos (1969-1976)”, “Los Mustang (1964-1973)”, “Neuronium (1977-1978)”, “Miguel Ríos Vol. 4” (1969-1973) o “Los Salvajes (1965-1969)”.

Leo Cebrián Sanz