Hace tiempo que no se sabe nada de ellos, por lo que vamos a recuperar su legado para animar a Fisherman’s Horizon a volver a la actualidad de la música progresiva más peculiar del planeta. Para quienes no les conozcan, se trata de la única banda de inspiración metalera que se ha especializado en la interpretación de las músicas y composiciones que ambientan los videojuegos más populares de la historia.

El cuarteto que participó en la grabación de su único disco autoeditado, ‘Worlds that never were’, fue el integrado por Álex Garcigregor (teclados, piano, iPad y coros), Diego Matas (bajo y coros), Iván Rivero (guitarras, ukelele y coros) y Pablo García de Gregorio (batería, percusión y coros, además de autor del arte gráfico y el diseño).

Álex se encarga de casi todo en este proyecto simpar, ya que la grabación, las guitarras y bajos complementarios, el diseño del sonido, los correspondientes arreglos, así como la mezcla y producción del conjunto de los temas menos uno fueron realizados por este talentoso músico, responsable de sacar adelante la osada idea de recrear de una forma absolutamente explícita y contemporánea el mundo del entretenimiento digital.

Todas las pistas de su único álbum -publicado en 2015- son instrumentales, a excepción hecha de la voz de Paula Schultz (Souleck) en ‘Last of the Cetra’, los coros colectivos de ‘Merry-go-home’ y la broma flamenca de “La rumba del bosque loco”. Otros músicos que colaboraron en esta locura fueron sus colegas de bandas como Cheeto’s Magazine, Helix Nebula o Moongardening, así como varios sin militancia concreta en formación alguna.

En los créditos de las pistas de esta rareza propia de coleccionistas proliferan los autores nipones, así como los evocadores nombres de las empresas que han comercializado y distribuido todos aquellos juegos que forman el puzzle de las canciones (Nintendo, Squaresoft, Square-Enix y Konami). Unas veces los videojuegos tienen su propia y exclusiva adaptación, mientras que en otras pistas comparten protagonismo con títulos que se presumen homólogos en características, “jugabilidad” e intención.

Los temas centrales se alternan con otros de menor relevancia, como por ejemplo los ‘Title Screen’, el equivalente a los openings o canciones de apertura en las series de animación manga. Incluso quienes no dominamos este universo podemos reconocer algunos nombres propios ligados ya a la cultura popular del siglo XXI, caso de ‘Final fantasy’, ‘The legend of Zelda: Ocarina of time’ o ‘Castlevania III: Dracula’s curse’.

La nota en inglés incluida en el libreto con la que explicaba Fisherman’s Ocean su trabajo decía más o menos lo siguiente: “Dedicado a Nobuo Uematsu, Yasunori Mitsuda, Motoi Sakuraba y cualquier otro compositor cuya música se haya interpretado en este disco. Su trabajo ha sido durante muchos años una inspiración y una felicidad para nosotros y esperamos que nuestras interpretaciones de sus canciones puedan pagar con justicia el arte de todas esas increíbles composiciones ya creadas. La música hizo que los videojuegos fueran de ser grandes experiencias a convertirse en arte. Este álbum es nuestro intento de capturar la magia y expandirla. Esperamos que lo disfrutes”.

Leo Cebrián Sanz