Juan Márquez, bajista y cantante de COZ, nos dio permiso hace unos años para publicar este interesante artículo que ahora retomamos y recomendamos leer con detenimiento:


¡Abran fuego! Vs ¡No a la guerra!

¡Abran fuego, hagan juego! es una canción compuesta en 1986, incluida en el álbum “Legítima defensa” (COZ, discográfica Fonomusic entonces y ahora Warner, que no lo ha reeditado) y no diré, aunque lo piense, que era premonitoria porque lo que ha pasado después también había pasado, desgraciadamente, antes. Presentamos la canción en un concierto en TVE y, como yo andaba bastante encendido con la larga cambiada que el precursor, en el PSOE, del Capitán Araña nos había dado con lo de la OTAN, llamé, al Presidente de Gobierno español, “jefe de negociado del Imperio”. No somos tan notorios como para que alguien le diese importancia a aquello aunque, curiosamente, no volvimos a trabajar para los ayuntamientos socialistas (los de la derecha, ya sabéis, nuestro tipo de rock no les va, y los de Izquierda Unida son mucho más modernos que nosotros) y acabamos trabajando en lo que cada uno pudo.

Coz en 1986. (Foto: Domingo J. Casas)

Coz en 1986. (Foto: Domingo J. Casas)

Y lo que ellos pudieron fue meternos, cinco años después, en una guerra, la del Golfo (¿o sería más adecuado llamarla “la guerra de los golfos”?) y eso que cuando pasó lo de la guerra de las Malvinas (¡por Dios, por Dios! una guerra blanca entre blancos, una guerra de guante blanco, de aviones, barcos y ordenadores, no como esas de África tan sangrientas, de machete a machete, y tan imparables, al parecer) pues clamaron todos, desde el Papa hasta ellos, que eso no podía ser y, más o menos pronto resolvieron aquello. Pero en esta ocasión, como era en Oriente Medio, durase lo que durase, Hala! a por Satán Jesulín, de la mano de Estados Unidos, el último país con el que habíamos estado en guerra, si descontamos el rifirrafe de Marruecos y la siempre recordada guerra civil, que aunque fue entre las dos Españas, no eran países. Aquella guerra, que comenzó por un falso atentado de los españoles a un barco USA, y en la que nuestros barquitos de madera fueron como patitos de goma frente a los acorazados americanos, con lo que los urdidores de la mentira se quedaron como administradores de Cuba y Filipinas. Curiosamente, el principio de su Imperio, final, final del todo, del español.

Andaba yo bramando contra la guerra del Golfo y no recuerdo voces críticas, más bien recuerdo que me llamaban trasnochado y me contaban no-se-qué de resolución de la ONU, pero nadie me explicaba por qué todos se pasaban por el arco del triunfo el resto de las resoluciones de la poderosísima ONU (digamos Palestina, Sahara, etc.). Nuestros “intelectuales”, pobrecitos, debían estar muy atareados con sus obras, porque no se produjeron, durante los 14 años de gobierno socialista, más que tres manifiestos (uno para reclamar el honor de un pintor, casado con la secretaria del Presidente de gobierno, al que la prensa canallesca había acusado de comprarse un piso con los fondos reservados; otro para respaldar a Felipe González como caudillo, por encima de los partidos políticos, en unas elecciones en las que el PSOE estaba muy tocado por lo del GAL y otras fruslerías. El tercero no me acuerdo pero debía de ser por algo por el estilo, digamos “intelectual” español.)

Al parecer, la guerra del Golfo fue un “coitus interruptus” y años después hubo que ajustarle las cuentas a Satán Jesulín, de nuevo, y allí nos llevó Aznar y, entonces sí, se abrieron los cielos de las conciencias y hasta el Olimpo escucho nuestros desgarradores gritos pacifistas, olvidándonos de los aplausos, comprensión y connivencia que tuvimos con nuestra participación, en 1999, en la guerra de Kosovo a la que, también, nos llevó Aznar, eso sí, con intervención militar de la OTAN al mando de un socialista español, ejecutada sin mandato de la ONU y contraria al derecho internacional (al derecho vigente entonces, después parece que se modificó para permitir estas humanitarias andanzas, salvo si el Presidente español se llamase Aznar).

El Capitán Araña, que a todos embarca y a todos engaña, cumplió ¡oh, milagro! una promesa y, nada más ganar las elecciones en 2004, sacó nuestras tropas de Irak y metió esas y algo más en Afganistan, donde estamos de follón –que –no-guerra- humanitario (vaya, que el ejército español en vez de dar ostias reparte magdalenas y ha cambiado el grito de ¡A mí la Legión! por el de ¡A Belén pastores! y, en el colmo del esperpento, ahora dicen que prefieren morir que matar, así que estamos bien protegidos cuando vengan los malos).

Hablando de malos, lo malo de los torpes que no comprendemos los designios, y vaivenes, del Altísimo y su casi homologo, el Capitán Araña, es que nos hacemos un lío con lo de que bajo un presidente socialista los ministros se dedican a matar malos y luego otro Presidente socialista los llama hombres de paz y pretende enredarlos (claro, es el Capitán Araña) ,y enredarnos, para que sean buenos y, como la cabra tira al monte (hasta un párvulo poco aplicado lo sabe), ellos siguen haciendo lo que les gusta hacer, que además de diversión tiene un alto rendimiento económico, y nos ponen bombas en el trasero (accidente, llegó a decir el ínclito) así que, vuelta la burra al trigo, a palos otra vez, hasta que nos sorprenda con alguna otra filigrana, ya que para eso es quién es y piensa (visto lo visto, posiblemente con razón) que puede engañarnos a todos.

Así las cosas, de la noche a la mañana (sin aval  del Congreso ni nada ¿para qué?) se saca de la chistera coz-aviones_otra guerra (tan mona y tan humanitaria ella) a la que, por ejemplo, los alemanes no van, quizá porque la Merkel esa pertenece a la Derechona Internacional, y las reticencias de Rusia, entre otros, ya que se manejaron bien en lo de Kosovo, igual ahora también cuela y no corremos peligro de una tercera guerra mundial ¿Quién sabe? aunque, con el ardor guerrero que les ha dado a todos estos, igual piensan que es muy humanitario dejar de hacer sufrir en este valle de lagrimas a tantos millones de desgraciados que somos.

Hasta que tengan a bien exterminarnos, por nuestro bien, humanitariamente, a unos cuantos (ya sabéis, al margen de que las bombas salva-irakíes-libios a veces no distinguen entre buenos y malos, siempre están los daños colaterales y, a veces, nos toca; y esta vez no tenemos a Aznar para echarle la culpa) me consuelo pensando lo que aprendo del desparpajo de semejantes próceres que tienen hecho unos zorros el patio de su casa, tan particular, tan particular, que creen suyo, suyo, y que deberían estar avergonzados de su pésima gestión y de sus mentiras; pues no solo no lo hacen sino que sacan pecho y me amenazan con que van a ganar las próximas elecciones. Supongo que para que eso pase, nuestros “intelectuales” habrán dejado de estar agazapados y volverán a vociferar convenientemente sobre el grave peligro que corremos si otros, que no sean los “suyos” toman el poder y que hay que votarles, a los “suyos”,  aunque sea tapándose la nariz. Mientras tanto, a ver que inventan para justificar que se inicie una guerra para salvar a un pueblo al que se bombardea, para luego sentarse a tomar el té (este vez en una jaíma, lo que tiene más glamour exótico) con el sátrapa  de turno a discutir como se lo reparten.

Márquez recibiendo uno de los premios "Excalibur / Los+Mejores" (Foto: Carmen Molina).

Márquez recibiendo uno de los premios “Excalibur / Los+Mejores” (Foto: Carmen Molina).


La canción alude a un líder occidental llamado Reagan, que tenía más ataque que el nuevo Mesías de color, Premio Nobel de la Paz, que ahora acaudilla nuestras tropas pero, aunque las formas sean diferentes, los métodos son iguales.

ABRAN FUEGO, HAGAN JUEGO

Hubo una guerra blanca entre blancos de guante blanco

Y tirios y troyanos clamaban de espanto

monjes y burdeles, bancos y cuarteles

halcones y palomas exigían la paz

Las aguas en su cauce, ya no hay desconcierto

todos guardan silencio mientras se da el escarmiento

a moros, kurdos, indios, cosacos y mongoles

brilla la ley y el orden occidental

Abran fuego, hagan juego

abran fuego, hagan juego,

en nombre de Occidente

en nombre de Occidente,

en nombre de Occidente: ¡Fuego!

Un Cesar corrompido, un cómico fallido

poseso y elegido para aplicar castigo

gran esperanza blanca con pistolera al cinto

que sueña con la gloria de un duelo final

Gran señor de la guerra con siervos y vasallos

gallito de pelea ante ofendidos y humillados

Mesías de profecía pentagonal

la defensa de Occidente en forma de juicio final

Abran fuego, hagan juego…

Vuelven las siete plagas sobre Oriente Medio

se inventa un tercer mundo que justifique al resto

allí donde hace falta se arrasa a sangre y fuego

y en donde no hace falta, ya es parte del Imperio ¡

Abran fuego! ¡ Hagan juego!…

¡que brille la ley y el orden occidental!

¡que venga por fin el juicio final

en nombre de Occidente

en nombre de Occidente: ¡Fuego!

Copyright  © 1986 by Juan Felipe López  Márquez, Madrid (España)


La canción fue regrabada en 2008, incluida en el álbum Revuelta (DTP), con este pomposo e insolente recitado final:

REVUELTA

Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas,

se aparejaron para tocar,

al son de la profecía:

Y un azul matara a mil rojos,

y los rojos exterminarán a los azules

y blancos y rojos perecerán en un baño de sangre

porque vendrán a por ellos después de que vengan por mí

los que todo lo tiñen de negro y acaban con todos los colores

que vendrán a Ciudad Caoba a reducir a cenizas sus pilares,

y así la ciudad en la que todo está prohibido a sus esclavos

y todo se concede a los extraños

volverá a ser sólo otro mal sueño de verano.

Si hubiera una revuelta que lo evitase

Si hubiera una revuelta que nos salvase

Si hubiera una revueltade los que aún no han perdido la razón,

de los que aún recuerdan lo que somos.

Si hubiera una revuelta…

Si hubiera una revuelta…

Copyright  © 2008 by Juan Felipe López  Márquez, Madrid (España)

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