Se ha publicado en la prensa británica que el legado monetario -que no musical- que dejó Lemmy, Motohead, es inferior al que se suponía. Sus herederos sólo recibieron algo más de 500.000 libras esterlinas (aproximadamente 650.000 euros).

Algunas fuentes estimaban que su patrimonio podría estar por encima de los ocho millones de euros contando los royalties que había y quedaban por cobrar tras su muerte en diciembre de 2015.

Todo indica que el único beneficiario es su hijo Paul Inder, pero hay medios que apuntan que tiene otro: un hijo adoptado que reside en Bradford (Inglaterra).

Hacía unos veinte años que Lemmy abandonó su país, Gran Bretaña, para residir en West Hollywood (California) y dijo que no volvería a vivir en Londres. Allí pasaba las noches en el ya cerrado pub Saint Moritz y lo cambió por el Rainbow Bar & Grill de Los Ángeles. Su pequeño piso, de dos dormitorios, estaba junto al bar angelino.

En 2009 se le preguntó a Kilmister por qué no se había comprado una casa en la zona de Hollywood Hills y dijo: “No me lo puedo permitir. No he vendido tantos discos. Cuando hice la letra de ‘Mama, I’m coming home’ para Ozzy Osbourne gané más dinero de lo que había hecho con Motorhead hasta el momento. No voy a morir pobre, pero no soy rico. Pago impuestos en EE. UU. pero no soy ciudadano estadounidense; no me dan la nacionalidad porque en la Nochevieja de 1971 me arrestaron por llevar un par de píldoras para dormir. Así que, ya sabes, soy una amenaza para los niños de EE. UU.”, añadió con sorna.