Gran noticia para los historiadores y seguidores del Rock Duro español con la edición en vinilo de varios ensayos de estudio de una de las formaciones que le dieron vida: Magerit. Esta banda, que en su práctica totalidad procedía de los “setenteros” Colores, participó activamente de la transición del sonido de la década en que murió Franco a la luminosa y rompedora de los ochenta.

Toda la peripecia de cómo y cuándo se formó y evolucionó Magerit está perfectamente explicada en un cuadernillo de seis hojas elaborado a partir de los recuerdos del que fuera su manager y principal impulsor: Miguel Ángel Andrés “Michel”. Él fue quien llevó los destinos del sexteto, formado por tres futuros músicos de Pánzer (el cantante Carlos Pina, el batería Rafael Ramos y el teclista Pepe Segura), el bajista Rafael Insúa y los guitarristas Manuel de Dios Ponce y  Santiago Pascual. Años veríamos a Ponce al frente de un proyecto en solitario, como colofón a su experiencia común junto a Insúa y Segura en Huracán.

Son sólo siete canciones registradas en el local durante los años 1979 y 1980: “Quién”, “Brumas de coral”, “Caballero de la eternidad” -que pluralizado da título el LP-, “Llegarás”, “El hada púrpura” y “La máquina del Rock and Roll”, ésta por duplicado -en una de las tomas canta Rafa Insúa-. Todas ellas resultan apasionantes, por cuanto transmiten la búsqueda constante de una personalidad propia y estable. A veces suenan progresivos, otras a Rock and Roll y en ocasiones endurecen sus tesituras hasta conducirlas por la senda del futuro Heavy Metal.

Carlos Pina ya interpretaba con su característico e inimitable estilo, que incluso incluye algunos de los tics y hallazgos vocales característicos en Pánzer.

Más interesante si cabe es el caudal de material fotográfico, absolutamente inédito, sobre esta parte de nuestra historia. La combinación de estéticas revela el despiste del momento, con un Pina maquillado de blanco con un ojo pintado de negro -que inevitablemente nos recuerda al Ramoncín del rombo en el ojo-, guantes blancos y, eso siempre, su proverbial actitud a la hora de agarrar el pie de micro.

Fuera del escenario sus compañeros visten cazadoras coreanas, chaquetas de piel de borrego y camisas abiertas para marcar pecho. Apenas dos años después llegarían para todos las melenas y las cazadoras de cuero. Otros tiempos, otros modos, pero una pureza e ilusión que aún hoy se palpan al escuchar las composiciones de Magerit. Ser pionero es lo que tiene… y que les quiten “lo bailao”.

Este volumen hace el número 409 de la serie “Historia de la música Pop española” del sello Discos Cada, que para estas ocasiones sustituye la palabra Pop por la de Rock.

Leo Cebrián Sanz